¿Qué aporta la familia a la empresa familiar?

La familia aporta seguridad, libertad y felicidad a sus miembros, por este orden, porque no hay felicidad sin libertad, ni libertad sin seguridad. En realidad, la persona no puede llegar a ser feliz sin antes ser capaz de exteriorizar lo que es, y el ámbito familiar es especialmente proclive a facilitar este proceso de autoconocimiento y aceptación de uno mismo, porque en la familia, todos sus miembros son aceptados tal y como son, sin condiciones. También en el seno de la familia es donde se aprende el valor de la confianza, considerado hoy en día como esencial en el mundo de la empresa por la mayoría de expertos en el ámbito. Pero, ¿qué ocurre si familia y empresa se mezclan y llegan a confundirse? ¿En qué medida puede afectar esto a la familia y a la empresa?

Artículo publicado en Newsletter Nº 41 Diciembre 2008

Buscamos en la familia seguridad, libertad y felicidad. Y eso es lo que aporta a sus miembros, por este orden, porque no hay libertad sin seguridad, ni es posible alcanzar la felicidad sin previa libertad. Dicho de otra forma, sentirse seguro es la condición necesaria para ser libre, y necesitamos estar seguros y sentirnos libres para poder llegar a ser felices.

Todo esto se corresponde a su vez con otros tres conceptos: economía, educación e intimidad, que son las dimensiones constitutivas de la familia, porque toda familia las ha de poner en práctica, en mayor o menor medida, para ser considerada como tal. ¿Cómo relacionamos unos conceptos con otros? Es sencillo: buscamos seguridad en la economía, libertad en la educación y felicidad en la intimidad.

El papel de la familia
La familia es el lugar donde cada uno de sus miembros es aceptado incondicionalmente. En otras palabras: es el lugar del amor auténtico; y es en el amor donde encontramos esa seguridad, libertad y felicidad a la que nos referíamos al principio.

Sin la familia, no podemos ser esencial y sustancialmente felices, aunque esto no signifique que la familia haga inútiles otras instituciones en orden a alcanzar la felicidad. Es, con todo, esencial, porque hasta que la persona no consigue interiorizar lo que es y aceptarse como tal, no puede llegar a ser feliz, y es en el ámbito familiar donde de forma más natural sacamos lo que llevamos dentro, lo exteriorizamos, y sin exteriorizar no se puede interiorizar. Pero necesitamos también otros lugares y otras instituciones para desarrollar la seguridad, la educación y la felicidad en sentido amplio.

La confianza, un valor esencial
Decíamos antes que las dimensiones que constituyen la familia son la economía, la educación y la intimidad. Centrémonos ahora en esta última. La base de toda intimidad es la confianza -hoy en día considerada por los expertos empresariales como un valor esencial-, y no hay mejor lugar para aprenderla que en el seno de la familia. De hecho, es difícil llegar a aprenderla si no se ha vivido desde el principio de la vida. Si trasladamos todo esto al ámbito de la empresa familiar, se puede afirmar que si familia y empresa van unidas, es muy probable que reine la confianza desde el principio.

Durante milenios, la familia fue el lugar material de una economía poco desarrollada. Es normal que en el momento en el que ésta creció, surgiera con fuerza la empresa familiar. Ahora bien, aunque familia y economía son realidades inseparables, dado que toda verdadera economía se hace desde la familia y para ella (el olvido de esto va a conducir a la economía occidental, como ya lo vemos, al colapso), la familia concreta no puede identificarse con la empresa concreta. Es decir, que empresa y familia son dos realidades distintas, cuya relación (que no identificación) no es necesaria, aunque pueda existir y exista en muchos casos.

Otro asunto distinto es el relativo al espíritu familiar y al empresarial. Muchas empresas desgraciadamente no tienen nada que ver con el espíritu familiar, y muchas familias deberían tener un poco más de espíritu empresarial. La empresa familiar no es una institución necesaria, pero es muy natural que surja, aunque no hay que confundir la naturalidad con la sencillez: ser empresa familiar no es fácil. Es preciso saber distinguir en todo momento familia y empresa, y al mismo tiempo saber impregnar adecuadamente la empresa con un «toque» familiar, y descubrir que toda verdadera familia es un continuo acto de emprender.

De la familia a la empresa familiar
La lógica de la familia es diferente de la lógica de otras instituciones, como la empresa, en este caso. Como consecuencia, mezclar de modo simple ambas instituciones no es bueno. Cuando familia y empresa se confunden, se da este proceso:

1.    Se interfiere en la seguridad y la libertad de aquellos miembros de la familia que no sean apropiados para trabajar en la empresa familiar. Por tanto, se interfiere también en su felicidad.
2.    En consecuencia, se daña también al resto de la familia, que sufre y siente compasión por esos miembros de la familia, o que sufren las consecuencias de su incompetencia.
3.    Y así, en definitiva, se acaba perjudicando tanto a la empresa como a la familia.

Por Rafael Alvira, catedrático de filosofía y director del Instituto Empresa y Humanismo de la Universidad de Navarra

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