La filantropía, un valor para la integración y el desarrollo del sentido de pertenencia en la empresa familiar

En la última newsletter vimos que la filantropía es un deber, una razón de ser y una fuente de beneficios para la empresa. Este mes profundizamos en este último aspecto, concretamente en el ámbito de la empresa familiar. En este tipo de compañías, la filantropía sirve para unir a todos los miembros de la familia propietaria, y es un excelente vehículo de integración y compromiso de las siguientes generaciones. Es, por tanto, una poderosa herramienta de unidad y compromiso cuyos beneficios van más allá del ámbito económico y
del deber moral.

Artículo publicado en Newsletter nº 54, 1 de febrero de 2010

Ante todo ua puntualización: la filantropía en las empresas familiares hace referencia a las actividades que la familia empresaria desarrolla voluntaria y conjuntamente con sus propios recursos económicos y de tiempo para devolver a la sociedad parte de lo que ha recibido de ella. Por tanto, es una actividad distinta e independiente de las acciones de Responsabilidad Social Corporativa ─actualmente muy en boga en todas las compañías─  que la propia empresa, sea familiar o no, decide desarrollar para que sus actividades empresariales tengan repercusiones positivas sobre la sociedad y el entorno en el que desarrollan sus procesos de negocio.

En el caso de las labores filantrópicas, la familia propietaria que comparte un patrimonio empresarial decide compartir también unas actividades y comprometer unos recursos para dar un sentido altruista a su patrimonio económico, logrando así poner en práctica unos valores que ayudan a mantener la unidad y el compromiso de la familia propietaria en su conjunto.

Asimismo, la filantropía es un excelente vehículo de integración y de compromiso de las siguientes generaciones, puesto que permite que los miembros más jóvenes de la familia participen y adquieran un protagonismo temprano en el proyecto filantrópico, construyendo una razón de ser para la continuidad de la empresa familiar y reforzando el orgullo de pertenencia al grupo familiar. La clave para lograrlo es la realización del proyecto filantrópico por parte de toda la familia, porque esto permite la vivencia práctica de unos valores que, al traducirse en acciones concretas, se transmiten con mayor facilidad de generación en generación.

Con el paso del tiempo, en algunos casos se suele dotar la labor filantrópica de una estructura legal: una fundación, que permite consolidar y encauzar los recursos y esfuerzos en un proyecto común mediante un compromiso a largo plazo para el desarrollo de la actividad filantrópica concreta.

Factores para el éxito del proyecto filantrópico
Conviene tener en cuenta una serie de factores que pueden contribuir al éxito del proyecto y al desarrollo de todo su potencial de beneficios para la propia familia:

–          el proyecto debe ser atractivo y despertar ilusión en el conjunto de la familia;
–          es conveniente que sea abierto y participativo, y que permita a todos los miembros identificarse con él;
–          es recomendable que sus resultados sean palpables por todos de  manera fácil y directa;
–          es fundamental que la dirección y la gestión del proyecto se desarrolle de una manera profesional y con el rigor adecuado para que sea efectivo y logre los resultados esperados.

De esta manera se refuerza el concepto de legado de la empresa familiar, y se motiva también a miembros de la familia empresaria que no se dedican al mundo de la empresa o no trabajan en la propia empresa familiar, y que quizás por ello pueden sentirse más distantes  del proyecto empresarial. La labor filantrópica actúa como un fuerte vínculo y como vehículo de compromiso para apoyar la continuidad del patrimonio empresarial que se quiere transmitir, y facilita que éste sea compartido generación tras generación.

Un patrimonio económico común puede no ser razón suficiente para mantener la unidad y contribuir a la felicidad de la familia empresaria. En cambio, un proyecto filantrópico une a la familia, porque dota al patrimonio familiar de un propósito que ayuda a todos a mejorar como personas. Esta utilización conjuntamente decidida y ejecutada, tanto de recursos económicos como del propio tiempo dedicado desinteresadamente a los demás, es, con toda seguridad, un apoyo a la felicidad y a la armonía familiar.

Por Alfonso Chiner, Colaborador Científico del Departamento de Dirección Estratégica del IESE y miembro de la Cátedra de Empresa Familiar

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