Una aproximación positiva al conflicto en la empresa familiar

En esta serie de artículos que hoy iniciamos, utilizaremos el término conflicto para designar la persecución de objetivos diferentes e incompatibles entre personas y grupos familiares que juegan en un momento determinado un papel concreto dentro de la empresa familiar.

 Artículo publicado en Newsletter Nº 71 – Septiembre 2011

“En mi civilización, aquel que es diferente de mí no me empobrece: me enriquece”

(A. de Saint-Exupery, El Principito 1939)

El conflicto forma parte de la vida. Los seres humanos somos complejos y tendemos al conflicto, tanto en el trabajo y en el ámbito familiar como en las relaciones de amistad.

El conflicto se manifiesta en situaciones cotidianas cuando se produce una confrontación de intereses o se discrepa sobre la mejor forma de resolver un problema determinado.  Dentro del conflicto se enmarcan las disputas, las diferencias, las controversias, las percepciones y los objetivos incompatibles entre individuos o grupos que interactúan en un espacio y en un tiempo concreto, en un contexto determinado y con problemas de diversa índole.
En función de cómo se aborde, el conflicto puede degenerar en tensión e incluso en violencia, entendiendo por violencia toda acción contra el natural modo de proceder cuando por falta de argumentos, la fuerza se impone a la razón. Para evitar este desenlace, es necesario gestionar adecuadamente el conflicto, y para eso hay que analizar las causas y conocer los diferentes mecanismos para abordarlo.

En el campo de la empresa familiar, donde se mezclan aspectos personales y profesionales, que se concretan entre otros en temas de trabajo, de dinero, de estatus y de poder, la resolución de conflictos es un punto crítico para la continuidad del negocio y la estabilidad de la familia.

Es importante tener claro que en los conflictos no hay buenos ni malos, sino intereses distintos. Una situación conflictiva surge de la confrontación entre personas o entre grupos interdependientes que tienen objetivos, percepciones e ideas incompatibles, ya sean reales o aparentes.

En el caso concreto de la empresa familiar, estas incompatibilidades se derivan de la coexistencia de dos sistemas relacionados con la propiedad pero con características y modos de hacer muy distintos: la familia y la empresa. En este ámbito, el conflicto suele estar provocado por (1) la posición que se ocupa en la familia y (2) la percepción que un miembro de la familia tiene de lo que hacen los demás.

Precisamente sobre los motivos que provocan conflictos y sobre los mecanismos para abordarlos hablaremos los próximos cuatro meses en la newsletter. Iniciamos esta serie con el objetivo de ayudar a las empresas familiares a entender los conflictos y a resolverlos desde una perspectiva transformadora.

Una lectura positiva del conflicto
Aunque son muchas las personas y las culturas que consideran el conflicto como una experiencia negativa, esto no tiene que ser necesariamente así. La visión positiva del conflicto[1] parte de la base de considerarlo como un elemento intrínseco del proceso de socialización y verlo como una oportunidad de crecimiento, pero esto solo es posible si se gestiona de forma adecuada.

En la empresa familiar, por ejemplo, los conflictos pueden contribuir a fortalecer la unión y el compromiso de los miembros de la familia en torno a un proyecto empresarial familiar, siempre que se resuelva adecuadamente.

Si se aborda el conflicto desde un enfoque transformador, se incorporan en su resolución la creatividad y la innovación, que contribuirán a que cuando surja otra situación conflictiva sea posible canalizar las alternativas, las soluciones y las energías de las partes implicadas para buscar y encontrar un desenlace que genere un acuerdo beneficioso y satisfactorio para todos.

Cuando un conflicto no se llega a solucionar o al menos, transformarse, provoca altos grados de frustración, y esto puede llevar a que se desaten comportamientos agresivos entre los grupos implicados. Además, la familia es un ámbito en el que el conflicto aparece y tiende a enquistarse y a transmitirse de una generación a otra si no se soluciona adecuadamente.

Por tanto, las empresas familiares deberían reconducir el conflicto a una situación en la que se generen esperanzas de mejora y de cooperación, se ajuste la colaboración entre los miembros de la familia y se fijen bien los límites entre la empresa y la familia.

 ¿Por qué aparecen los conflictos?
Un conflicto aparece cuando uno o varios individuos que pertenecen a un grupo perciben sentimientos de frustración con respecto a expectativas que previamente se habían formado.

En el seno de la familia, estas expectativas adquieren mayor intensidad, porque a ellas se suma una inevitable carga de emotividad. Esta combinación hace que los problemas que aparecen en el contexto familiar sean mucho más difíciles de manejar bajo un prisma racional que aquellos que se dan en el ámbito de los accionistas o que están relacionados con el gobierno y la gestión en la empresa.

Por Josep Tàpies, titular de la Cátedra de Empresa Familiar del IESE


[1] Ya analizamos el conflicto desde un punto de vista positivo en la newsletter de noviembre de 2008, de la mano del profesor Pablo Cardona y la investigadora Helen Wilkinson. Se puede consultar el artículo “El conflicto también puede ser positivo (si sabemos gestionarlo)” en http://bit.ly/jYJUVR.

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