Abraham Lincoln: la lucha por preservar la unidad

(Hodgenville, Kentucky,12 de febrero de 1809 – Washington 15 de abril de 1865)

La forja de un Presidente de los EE.UU. es larga y está llena de dificultades. Abraham Lincoln perteneció a una familia de emprendedores a la que no le importaba cambiar de residencia para iniciar la vida una y otra vez en diversos lugares. Sus padres procedían de una familia inglesa que se había instalado en la colonia británica en el siglo XVIII. Los Lincoln eran originarios de Virginia, pero su padre se trasladó a Kentucky, donde nació Abraham. Cuando el futuro Presidente tenía siete años se fueron a Indiana, donde Abraham consiguió un trabajo con un comerciante que llevaba productos a New Orleans. En uno de los viajes por el río, con una almadía repelió el ataque de un grupo de esclavos negros que se habían fugado de su plantación.

Las tierras en Kentucky no rendían lo esperado y en el año 1829 la familia decidió probar suerte en Illinois, donde se había instalado el hermano de la madre de Abraham, que destacaba las ventajas de esas tierras. Se asentaron en Springfield. Dos años después, Lincoln aceptó un trabajo en New Salem, una pequeña población situada a unos cien kilómetros de Springfield. Cuando tenía 23 años decidió que debía ocuparse de su formación. Como dijo en una ocasión: “Sabía leer, escribir y contar, y hasta la regla de tres, pero nada más. Ignoraba muchas cosas. Nunca estudié en un colegio o academia. Lo que poseo en materia de educación lo he ido recogiendo aquí y allá, según las exigencias de la necesidad”.

Un autodidacta

Abraham Lincoln abandonó su trabajo en la granja de New Salem donde trabajaba para combatir como soldado raso en la llamada Guerra del Halcón Negro contra los indios Fox y Kickapoo. Mientras tanto, emprendió su formación autodidacta. Hacia 1836 logró licenciarse en Derecho. Dos años antes, su actitud contraria a la esclavitud lo había conducido a intervenir en política, lo que le valió su elección como diputado de Illinois durante cuatro períodos, entre los 1834-1842. Merced a su defensa para conseguir las mejores condiciones de vida para los negros y a su elocuencia, logró una gran popularidad en todo el Estado. Consiguió la elección para la Cámara de Representantes en el Congreso de los Estados Unidos por Illinois el 4 marzo de 1847 y permaneció en ella hasta el 3 de marzo de 1849. No se presentó a la reelección porque consideró que la intervención militar en México era un capricho del Presidente James Knox Polk, y por tanto no podía apoyarla.

Tras su experiencia en Washington se dedicó a la práctica forense. Tuvo mucho éxito como abogado en Illinois. El carácter de Lincoln era inquieto, alternaba momentos de euforia con otros depresivos, su humor era cambiante, pero esta inestabilidad emocional se moderó mucho después de su matrimonio con Mary Todd en 1842. De esta unión nacieron cuatro hijos todos varones. Uno de ellos murió siendo un niño, antes de que su padre llegara a la Casa Blanca. Otro hijo también falleció siendo niño, en Washington, cuando Lincoln era todavía presidente. Finalmente, el más pequeño de los hijos moriría seis años después de la muerte de su padre. El hijo mayor, Robert Todd Lincoln, sobrevivió a todos, tuvo descendencia y destacó por su gran inteligencia, heredada de su progenitor.

Después de una práctica profesional exitosa que le proporcionó una gran fama, Lincoln decidió regresar a la vida pública en 1854, porque la cuestión de la esclavitud volvió situarse en el primer plano del debate político a raíz de que la Kansas-Nebraska Act propugnara extenderla a los estados del noroeste. Si bien él inicialmente no apoyaba la abolición de la esclavitud en los estados en los que ya existía, sobre todo en los del sur, se oponía a que se instaurase en aquellos otros en los que no estaba autorizada. Su discurso antiesclavista pronunciado en Peoria en 1854 es particularmente célebre por la vehemencia de sus palabras y la solidez de sus argumentaciones.

Comprometido con la causa contra la esclavitud, Lincoln se afilió dos años más tarde al Partido Republicano, recién creado tras la desaparición del partido Whig. En el año 1856 fue derrotado en su intento de ser nominado para el puesto de Vicepresidente en las elecciones de ese año, que perdieron los republicanos. De nuevo volvió a sufrir el dolor de la derrota en las elecciones al Senado de 1858, pero la intensidad de la campaña antiesclavista y los duelos dialécticos que mantuvo con el candidato demócrata Stephen A. Douglas, que fue el elegido en esta convocatoria electoral, le devolvieron la popularidad perdida y auguraron un prometedor futuro político.

Su gran oportunidad se presentó con motivo de la convención republicada de Chicago en el año 1860. Allí se presentaron muchos precandidatos para ser nominados candidatos a la Presidencia de los EE.UU. Todos menos uno eran senadores activos del Congreso de Estados Unidos, y dos habían sido gobernadores de estado. Pero el carisma, la excelente fama y la moderación de las posiciones de Lincoln compensaba su relativa falta de experiencia y de peso político. En la tercera votación de la Convención, efectuada el día 16 de mayo de 1860, Lincoln derrotó a sus compañeros de partido y se convirtió en el candidato oficial del partido para la Presidencia de los Estados Unidos.

El partido demócrata, que ostentaba la presidencia, estaba profundamente dividido en varias facciones. Los del norte propugnaron un candidato y los del sur otro. Concurrieron a las elecciones cuatro candidatos. Lincoln, con un partido unido, y con un programa que apoyaban todos, se alzó con la victoria y se convirtió en el decimosexto Presidente de los EE.UU. y el primero del partido republicano. Cuando llegó a Washington y tomó posesión de la presidencia, pronto se dio cuenta de que la secesión era inevitable: todas las medidas que se proponían tomar no favorecían al Sur, sino al Norte. Pero Lincoln siempre quiso aplicar su programa político, que pensaba que favorecía a todos los norteamericanos con independencia de dónde vivieran. Para conseguirlo necesitaba que se mantuviera la unión, porque un país dividido echaría a perder su proyecto político, por eso siempre antepuso la unión a cualquier otra consideración, incluida la esclavitud.

La quiebra de la unidad y la guerra

La elección de Lincoln provocó la ira de los estados del sur, precipitó la secesión y provocó una guerra que ni él ni su equipo de gobierno deseaban. Durante su primer mandato presidencial, los EE.UU. vivieron la época más convulsa de su historia, que él supo manejar con dedicación, esfuerzo, apoyándose en sus colaboradores y confiando en ellos, buscando la cooperación de un equipo que con frecuencia se veía superado por los acontecimientos. No le tembló el pulso, aunque a veces sintió miedo, como al tomar medidas impopulares y arriesgadas como la abolición de la esclavitud, aunque siempre logró vencer los temores. Uno de los hechos más recodados de su presidencia es haber liberado a los esclavos mediante la Proclamación de Emancipación, que surtió efecto en áreas de la Confederación no controladas por la Unión. Este hecho era un objetivo esencial de la guerra al que, pese a todas las presiones y amenazas, no renunció, aunque le pudo costar su carrera política. La Proclamación requería introducir dos enmiendas en la Constitución de los Estados Unidos, una para abolir la esclavitud y otra para imponer los derechos civiles. Por otra parte, en una situación excepcional como la Guerra Civil, recibió unos poderes especiales sin control por parte del Congreso, que supo administrar y usar con la responsabilidad que exigía el momento delicado al que se enfrentaba la Nación.

Lincoln es recordado por muchos acontecimientos sucedidos durante la guerra. Por su proximidad a los soldados que estaban sufriendo en el frente, por su acercamiento constante a las familias que tenían a los hijos, padres y esposos jugándose la vida para salvar un ideal político y vital, por sus palabras pronunciadas en momentos cruciales como en 1863 con motivo de la batalla de Gettysburg. Pero sobre todo destaca por su capacidad para elegir a los mejores colaboradores, a los mejores generales, para que acabaran con la guerra de una forma rápida y sin causar una profunda división entre los norteamericanos.

La Guerra de Secesión (1861-1865) fue un conflicto muy sangriento y muy largo. En ella se vieron implicados tanto los ejércitos como la población civil y hubo cientos de miles de muertos y heridos en ambos bandos, entre compatriotas y, a veces, familiares. Lincoln intentó mediar, reconducir la situación entre ambas partes para no acabar en una confrontación que no beneficiaba a nadie. Finalmente entró en una guerra que tenía ganar y que siempre procuró evitar. La guerra era el tributo que tenía que pagar para mantener unidos, cohesionados y comprometidos a los estados en torno a un mismo proyecto político, que a la postre era más importante que la abolición de la esclavitud. Pero al no poder conseguirlo optó por ser fiel a sus ideales uniendo al Norte y liberando a los esclavos del Sur.

Durante el desarrollo de la guerra sufrió frecuentes frustraciones y contratiempos. Se vio obligado a consumir todo su primer mandato en organizarla y conseguir medios para ganarla. Se enfrentó al influyente y prestigioso general George Brinton McClellan por su indecisión y falta de decisión en el campo de batalla, pues pensaba que la guerra era algo que hacían los caballeros en un campo de batalla un día concreto. Lincoln lo sustituyó por otro que comprendía la guerra moderna, un comandante radical y algo escandaloso, pero muy profesional: el general Ulysses S. Grant, que llegó a ser Presidente de los EE.UU. Grant aplicó su instrucción y destreza militar para ganar la guerra, pero además ejerció un liderazgo indiscutible en el ejército, que es lo que reclamaba Lincoln. En este caso coincidieron un líder político y un líder militar, y entre ambos finiquitaron el conflicto.

Hay un hecho que muestra la personalidad de Lincoln. Cuando Richmond (Virginia), la capital de los Estados Confederados, fue tomada, el Presidente realizó un gesto público de profundo significado y de gran importancia: sentarse detrás del escritorio del Presidente de la Confederación Jefferson Davis. Con esto mostraba a todos los norteamericanos que el Presidente de los Estados Unidos y la Constitución con todas sus enmiendas volvían a ejercer la autoridad y a imperar sobre todos los EE.UU. Además, Lincoln fue aclamado por los habitantes de Richmond como un héroe, un líder político, como el benefactor y el liberador de los esclavos.

Tras la guerra venía la dura tarea de volver a unir a un pueblo que se había desangrado en los campos de batalla, que había visto cómo se truncaban miles de vidas en plena juventud y quedaba arrasada una tierra por el orgullo y la arrogancia de unos cuantos idealistas que no entendieron cómo estaban cambiando los tiempos y la historia. La reconstrucción de la Unión pesó en la mente y en el ánimo de un Presidente que en plena guerra civil tenía que enfrentarse a su futuro: la reelección. Pero antes de entrar en campaña, dejó claro que los antiguos estados Confederados no sufrirían ninguna represalia ni quedarían alineados. La unión era más importante que cualquier otra consideración y venganza.

Reelección y muerte

Cuando faltaban unos meses para terminar la guerra civil, Lincoln se enfrentó a la reelección como presidente. Su mandato se había desarrollado bajo una confrontación que había cercenado todos sus planes y proyectos políticos. Su partido no estaba cohesionado, es más, surgió una facción radical que amenazaba con frustrar su reelección. Por otro lado, los demócratas pusieron como cabeza de cartel al destituido general McClellan y difundieron el mensaje de que Lincoln era un sectario, un partidista y un caprichoso que había desposeído del poder al más laureado y prestigioso general de la Unión. Y esto había provocado un alargamiento innecesario de la guerra.

Lincoln tuvo que hacer gala de su paciencia y bueno humor para superar todos los inconvenientes y lograr reconducir la situación por senderos que les fueran favorables. Logró cautivar a los electores con discursos llenos de patriotismo en los que ofrecía un futuro mejor y más halagüeño para todos en una nación unida y cohesionada. Su gobierno sería del pueblo y para el pueblo. Ppese a la propaganda de los enemigos, él no era un tirano, ni tenía tentaciones de convertirse en un presidente que ejerciera el poder sin límites y sin control por parte del Congreso y del Senado.

Su actitud determinó que la facción que se había escindido del partido Republicano se disolviera y retirara las candidaturas. Sin embargo, la larga guerra y la emancipación parecían ser dos obstáculos insalvables para la reelección de Lincoln, pero una serie de victorias militares de la Unión justo antes de la elección, cambiaron la situación a su favor. Además, los soldados movilizados en los frentes pudieron votar en los campos de operaciones de la guerra. Lincoln obtuvo el 70% de los votos entre los miembros del ejército.

Ganó las elecciones de una forma aplastante. Su opositor triunfó en dos estados, el resto se inclinaron por Lincoln. Toda la vida de Lincoln estuvo tejida entre el dolor y gozo. La alegría por la obtención de la reelección duró poco. El 4 de marzo de 1865 inició su segundo mandato. Un 15 de abril de 1865 Lincoln y Mary Todd decidieron asistir a una representación en el teatro Ford. La obra era Our American Cousin, una comedia musical. Cuando Lincoln se sentó en el palco, John Wilkes Booth, un actor de Maryland, residente en Virginia y simpatizante del Sur, le sorprendió por la espalda y le disparó a bocajarro un tiro en la cabeza mientras gritaba Sic Semper tyrannnis!, (¡Así siempre a los tiranos!) que era el lema que estaba escrito en el escudo de Virginia. Su vida se extinguió diez horas después. Ahí terminaba su historia y nacía un mito.

La pasión de una vida: la unidad y la coherencia

La vida de Lincoln tiene varias constantes que la caracterizan. Luchó siempre por conseguir una sociedad mejor que la que él había recibido. Deseaba construir una nación en la que todos tuvieran las mismas oportunidades que él se había procurado. Buscó la forma de conseguir realizar sus sueños y proyectos con sus colaboradores, a los que seleccionó y animó a no abandonar a pesar de los reveses, críticas y problemas. Esta fue su tónica durante los difíciles años de la guerra civil.

Puso la unidad por encima de cualquier otro objetivo. Unidad en la familia, en su equipo de colaboradores, en los estados que formaban la Unión, en el ejército, entre los mandos y los soldados; unidad para el género humano que no podía ser discriminado por el color de su piel y unidad entre todos para hacer realidad un proyecto que beneficiara a todos estuvieran donde estuvieran. Creyó en ideales y en su capacidad para llevarlos a término.
A través de la política, tuvo la ocasión de vengarse de sus enemigos de los instigadores de la secesión de los estados del Sur, pero no lo hizo. Su deseo de conseguir la unidad fue más fuerte que el deseo de venganza que no pocos colaboradores y allegados suyos le pedían. Y gracias a esa magnanimidad consiguió restaurar las heridas y evitar una fractura permanente entre los norteamericanos. Paradójicamente, el hombre compresivo, tolerante, demócrata y aglutinador, murió acusado de tirano por un sujeto intransigente que no admitía que la política es unidad y no disensión.

La lección más importante que extraemos para la empresa familiar es que el compromiso y la unidad de la familia alrededor de un proyecto es tarea de una vida, nunca se puede decir que se ha conseguido, sino que siempre se están buscando permanentemente los medios para conseguirla, preservarla y renovarla. Cada momento y cada proyecto exigen una forma de unidad y compromiso que tienen que conseguirse sin imposiciones, contando con la colaboración de todos y cada uno de los medios.

 Salvador Rus, Profesor de Historia del Pensamiento y Director de la Cátedra de Empresa Familiar de la Universidad de León.

2 comentarios en “Abraham Lincoln: la lucha por preservar la unidad”

  • Cristian Ponce

    Cristian Ponce dice:

    Hola Salvador. Excelente artículo, Abraham Lincoln fue una persona muy singular, y con una mentalidad diferente para su época. Saludos desde Costa Rica

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  • Cristobal

    Cristobal dice:

    Con respecto a Abraham Lincoln ….Aquí lo importante es la unidad que hoy se podía catalogar como fortaleza ante las amenazas….Unidad es el valor que no se puede mantener por las sociedad que consideran justas …tanto a nivel familiar como cohesión ante el territorio…

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