Marie Curie, una mujer que superó fronteras

(Varsovia, Polonia, 7 de noviembre de 1867 – Salanches, Francia, 4 de julio de 1934)

Marja Sklodowska, que era el nombre familiar que tuvo en su Polonia natal, es más conocida como Marie Curie, una mujer que a finales del siglo XIX y en el primer tercio del siglo XX se caracterizó por traspasar fronteras que estaban vedadas a las mujeres y por ser pionera en muchas de sus actividades científicas y reconocimientos.

Marja fue la menor de cinco hermanos, hija de un profesor de Matemáticas y Física de Liceo, y de una cantante y pianista. Fue una excelente estudiante, era políglota y vivió hasta los 24 años en Varsovia. En 1891 se trasladó a París para ampliar sus estudios y fue admitida en la Facultad de Matemáticas de la Soborna. Durante los primeros años tuvo que realizar un gran esfuerzo para ponerse al nivel del reconocido centro docente parisino, en aquel momento uno de los mejores del mundo.

Su esfuerzo rindió frutos y dos años después, en 1893, consiguió la Licenciatura en Físicas como primera de la promoción. Un año más tarde se licenció en Matemáticas, pero esta vez fue la segunda de la promoción. Realizó todos sus estudios becada por diversas instituciones, a las que en los años posteriores recompensó con creces. En 1894 conoció a Pierre Curie, profesor de Físicas, con el que comenzó a trabajar en su laboratorio. Él era quien se encargaba de suministrar todo lo necesario para que ambos pudieran progresar en sus investigaciones. Al poco tiempo le pidió matrimonio y se casaron.

Los inicios de una gran carrera

Celebraron una boda sencilla y, con el poco dinero que recibieron como regalo, compraron dos bicicletas que utilizaron para conocer Francia durante el verano. El matrimonio y la relación científica duraron once años, hasta la muerte de Pierre. Ambos trabajaron en condiciones muy precarias pero muy compenetrados, unidos y comprometidos con sus investigaciones. En 1896 descubrieron la radiactividad natural y Pierre animó a Marie a conseguir el doctorado. Todo un reto para una mujer, pues ninguna había recibido tal distinción en Francia, y el único precedente era el de la alemana Elsa Neumann, que consiguió el título en 1899 en Berlín.

Antes de la defensa, y ante las dudas que suscitaba la situación insólita en la Soborna, Pierre se vio obligado a animar a su esposa diciéndole que ella erala que más sabía y mejor conocía el tema entre todos los que estaban en la sala, incluido el tribunal. Ella respondió que él sabía más, y él contestó que no había estudiado tanto como ella. Superó el examen y consiguió el doctorado sobre las sustancias radioactivas con la máxima calificación, cum laude.

El año 1903 supuso su consagración mundial. Publicó su tesis, recibió junto a su marido y el maestro de ambos el Premio Nobel de Físicas, y fue distinguida con la Medalla Davy, una distinción que la Royal Society de Londres concede desde el año 1877 a científicos destacados por un «descubrimiento reciente sumamente importante en cualquier rama de la química». La medalla honra la memoria del químico británico Humphry Davy. En 1904 fue distinguida con la Medalla Matteucci, que la Academia Nacional de Ciencias de Italia otorga a científicos que contribuyen de forma eminente al desarrollo de la Física.

En 1906 tuvo que vivir la trágica muerte de Pierre, que una lluviosa mañana de la primavera parisina fue atropellado por un carro, accidente que le causó heridas mortales. Contaba con 46 años, una prometedora carrera científica y había con seguido la cátedra de Física de la Universidad de la Soborna. Con él perdió al esposo, al cómplice de sus aventuras intelectuales, a su compañero de laboratorio, a su mejor apoyo cuando se adentraba insegura en las procelosas aguas de la investigación que nadie había surcado todavía. Superó el golpe decidida a continuar la tarea que ambos habían comenzado y con el firme propósito de superar lo alcanzando hasta ese momento. Marie tenía 39 años y una larga carrera por delante.

Sucedió a su esposo en la Cátedra de Física. Era la primera mujer que conseguía una Cátedra universitaria. El 15 de noviembre dictó su primera lección. También en esto fue pionera, porque ninguna mujer había dado clases en los 650 años de vida de la Soborna. El hecho causó una gran expectación y el aula se abarrotó de estudiantes de Física, profesores universitarios, curiosos y periodistas.

Marie Curie vivió las convulsiones de la política europea. Durante la Primera Guerra Mundial, conocida por los contemporáneos como la Gran Guerra, puso sus conocimientos y sus investigaciones al servicio de la Medicina para cuidar a los heridos y mejorar los diagnósticos de las lesiones causadas en los campos de batalla.

Una trabajadora incansable

En sus trabajos de laboratorio consiguió descubrir nuevos elementos, como el Polonio y el Radio, y sintetizar el cloruro de radio, que serviría para importantes aplicaciones. Nunca quiso lucrarse con sus descubrimientos y decidió abrirlos a toda la comunidad científica para favorecer el progreso de todos y beneficiar a todas las naciones. Su fama crecía y todos solicitaban su presencia en los foros científicos y tecnológicos. En 1911 recibió el segundo Premio Nobel, esta vez en solitario y en la especialidad de Química, por haber obtenido en 1910 un gramo puro de radio. Marie Curie fue la primera mujer en recibir un Nobel. Hasta hoy sólo hay dos personas que hayan sido reconocidas con dos Premios Nobel en dos campos diferentes: Marie Curie y Linus Pauling, Nobel en Química y Paz. Por otra parte, dos premios Nobel en el mismo campo los han obtenido John Bardeen en Física y Frederik Sanger en Química.

En 1924, Marie Curie viajó a los Estados Unidos con la intención de recaudar fondos para sus investigaciones. Fue recibida triunfalmente y consiguió importantes donaciones. Los diez últimos años de su vida los pasó como los anteriores: trabajando de forma ininterrumpida y sin descanso en su laboratorio para conseguir desarrollar y aplicar sus descubrimientos. Pero también formó a una buena cantidad de científicos, entre ellos a una de sus hijas y a su yerno, que también fueron galardonados con el Premio Nobel. Murió en 1934, víctima de las radiaciones a las que estuvo expuesta durante toda su vida como científica e investigadora. Es la primera mujer que fue enterrada en el Panteón de París.

Las enseñanzas de una mujer excepcional

Marie Curie es el modelo para muchos aspectos que afectan a la empresa familiar. En primer lugar, es una mujer que supo superar las muchas y difíciles trabas que ponía una sociedad y una comunidad científica y universitaria al trabajo y a la promoción laboral de las mujeres. Ella creía en lo que hacía, estaba convencida de que su proyecto era viable y que serviría para mejorar las condiciones de vida y el bienestar de la Humanidad. Y, al mismo tiempo, sabía que si trabajaba duro lograría un avance científico hasta entonces desconocido y mejoraría en algún punto concreto la Ciencia.

Ella confió en sus fuerzas, creó un equipo con su esposo, trabajó en condiciones difíciles y adversas, superó todos los prejuicios de la sociedad que no reconocía lo que hacía, comprometida con el proyecto vital y familiar. Como resultado de este esfuerzo y dedicación, logró triunfar en todo lo que se propuso, y fue una mujer que traspasó fronteras y superó los límites que ella misma se ponía. Vio reconocido su trabajo en vida con dos Premio Nobel e innumerables distinciones. Y supo formar a una de sus sucesoras para que continuase la labor científica que ella y su marido habían comenzado, su hija mayor, Irène Joliot-Curie,que obtuvo junto a su marido el Premio Nobel de Física en 1935, un año después de la muerte de Marie Curie, por el descubrimiento de la radiactividad artificial. Su otra hija, Eva, se encargó de preservar la memoria de su madre mediante una biografía que fue traducida a todos los idiomas.

Marie Curie es una muestra de que la internacionalización se puede conseguir. Ella quería formarse y ampliar sus conocimientos, y no dudó en aprender idiomas y en superar los muchos inconvenientes que tenía una polaca bajo dominación rusa en aquellos años, para salir de Varsovia e instalarse en París. Tuvo que luchar y mejorar sus conocimientos, pero consiguió los títulos con las mejores calificaciones.

Es un ejemplo de cómo se puede unir el proyecto familiar con el proyecto empresarial. Ella supo trabajar con su marido, formar a su hija, y darle continuidad familiar a la tarea que con tanta pasión había consumido su vida. Familia y trabajo estaban unidas, pero no confundidas. En su biografía hay muchos momentos en los que la familia es lo primero y fundamental, así como otros en los que el trabajo exige una dedicación especial para conseguir una meta que se está vislumbrando. Al mismo tiempo, su prestigio personal, compartido en los primeros años con su esposo Pierre, atrajo a futuros discípulos que trabajaron con ella y se formaron, y que fueron los continuadores, difusores y aplicadores de sus descubrimientos.
Marie Curie es una muestra del trabajo generoso para todos y con la vista puesta en las generaciones futuras. Laboró sin derecho a cosechar y recibió los reconocimientos con la sorpresa y la humildad de quien sabe que no se los merece. Con los 15.000 dólares del Premio Nobel de Física de 1903, por ejemplo, hicieron regalos a la familia y se compraron una bañera. Cada premio fue un acicate mayor para seguir traspasando fronteras. Siempre deseó que su éxito fuera compartido y que sus descubrimientos favorecieran a todos los seres humanos. Por esta razón no patentó ninguno de ellos, ni tampoco los procedicimientos y protocolos para conseguirlos.

Ella creyó siempre en la apertura para conseguir que todos se beneficiaran de algo que ella había conseguido con su esfuerzo. Esta generosidad es un ejemplo de cómo debe ser el trabajo en la empresa familiar: buscar el bien de todos por encima del beneficio personal.

Finalmente, Marie Curie enseña que cualquier meta, por difícil y lejana que parezca, se puede alcanzar mediante un plan de trabajo exigente, preciso y sistemático. Un plan estratégico que marque con claridad cuál es el objetivo, el fin que nos proponemos, qué medios se van utilizar, qué inversiones son necesarias y cuál es el tiempo razonable para alcanzar los objetivos. Además, una vez alcanzaba los objetivos fijados, siempre era capaz de imaginar y diseñas nuevas metas y de renovar los métodos para conseguirlas. Es decir, no se conformó con un éxito, sino que cualquier meta era un medio para llegar a otras. Todo esto lo logró con un equipo, formando a sus componentes y tratando de tener discípulos que superaran sus investigaciones y llegaran a otras metas.

Marie Curie vivió sin miedo a nada ni nadie. Planteó su vida inmersa en un laboratorio, desde el que fue capaz de influir en todo el mundo, renovar el conocimiento científico y abrir nuevos caminos, y ampliar las posibilidades de las ciencias, desde una posición que, en principio, no era favorable ni social ni científicamente. Con esfuerzo, trabajo y compromiso vital fue capaz de abrir las puertas a las mujeres en la universidad y en el mundo de la Ciencia. Así, guiada por el deseo vehemente de conseguir innovar y renovar, dos características que las empresas familiares tienen que potenciar, logró todo lo que se propuso y sembró en la mente de sus discípulos la semilla del deseo universal por conocer los más recónditos lugares de la naturaleza y de la Ciencia. Marie Curie traspasó fronteras y contribuyó al avance de la Humanidad.

Salvador Rus, Profesor de Historia del Pensamiento y Director de la Cátedra de Empresa Familiar de la Universidad de León.

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