Juan Sebastián Elcano, el primero que circunnavegó el orbe de la tierra

(Guetaria, Guipúzcoa, España, 1476 – océano Pacífico, 4 de agosto de 1526)

Juan Sebastián Elcano nació en Guetaria (Guipúzcoa), donde en aquel tiempo las mejores oportunidades para vivir y trabajar las ofrecía la mar que se extendía ante la mirada de sus habitantes. Allí adquirió experiencia como marino en los barcos de pesca y también aprendió los riesgos del comercio.

En 1509 participó en la expedición de Argel, patrocinada por el Cardenal Cisneros. Después se enroló en el ejército del Gran Capitán para vivir la experiencia como soldado en las campañas de Italia. A la vuelta decidió quedarse en Sevilla, que en aquel momento se estaba convirtiendo en la capital del mundo, donde se cerraban los tratos y se organizaban las expediciones para explorar y conocer mejor el Nuevo Mundo o para encontrar nuevos territorios que agregar a los vastos dominios de la Corona Española.

Allí tuvo conocimiento de la expedición que preparaba un marino portugués, Fernando de Magallanes, que había firmado unas capitulaciones con el rey Carlos I en Valladolid en las que se le otorgaba el título de Gobernador y Adelantado de todas las tierras que descubriese. Su proyecto era abrir y explotar una ruta por occidente que condujera a las Indias. Se trataba de atravesar el continente americano por algún paso, manteniéndose siempre en los mares castellanos, y evitar la navegación rodeando África y pasando por los dominios portugueses. El destino eran las ricas islas de las Especias, las Molucas. Buscaba la ruta hacia el oeste que Colón no había logrado encontrar. Un paso más en la arriesgada época de los descubrimientos.

Un incierto y arriesgado viaje

Los expedicionarios no tenían la intención de circunvalar la tierra. Sus intereses eran puramente comerciales y políticos. Magallanes logró formar una escuadra con cinco naves y 265 marinos. Elcano fue contratado como contramaestre de la nao Concepción. El 10 de agosto de 1519 el convoy partió de Sevilla. Se detuvo en Sanlúcar de Barrameda, puerto de salida al océano Atlántico, donde se avituallaron y resolvieron los asuntos de última hora. Zarparon hacia América el día 20 de septiembre.

Hicieron escalas en Tenerife, Cabo Verde y las costas de Sierra Leona. El 13 de diciembre llegaron a la Bahía de Santa Lucía (Río de Janeiro) y de allí se fueron a Río Solís (Río de la Plata), y arribaron finalmente a Puerto San Julián, lugar que exploraron exhaustivamente con el objetivo de encontrar una salida al Mar del Sur (océano Pacífico). Al no encontrarla, decidieron pasar allí el invierno de 1520.

Las frustraciones, la falta de actividad y una cierta desesperación provocaron que varios capitanes, entre los que estaba Elcano, se amotinaran contra Magallanes y consideraran que la expedición había fracasado. Los cabecillas fueron ajusticiados y se aplacaron los ánimos. Elcano alcanzó el perdón porque Magallanes lo consideraba indispensable para continuar con éxito la expedición. Si no se encontraba el paso, el proyecto podía fracasar, así que Magallanes y sus fieles se pusieron manos a la obra para encontrar una vía que comunicara el Atlántico y el Mar del Sur.

Entre el 21 de octubre y el 28 de noviembre lograron cruzar la actual Patagonia a través de un canal. Al camino se le llamó Estrecho de Todos los Santos, y hoy lo conocemos como Estrecho de Magallanes.

Por la superficie de un mar desconocido

El Mar del Sur era conocido, pero la ruta que Magallanes inició era totalmente nueva. Los expedicionarios podían presumir de ser los primeros que surcaban con sus quillas las aguas de ese mar. El 21 de noviembre, tres de las cinco naves que abandonaron Sanlúcar de Barrameda se aventuraban a navegar por las serenas y tranquilas aguas del Mar del Sur, que más tarde recibiría el nombre de Pacífico. Pero las desgracias comenzaron a cebarse con la expedición.

Durante tres meses no encontraron islas ni tierra firme donde avituallarse y reparar las naves. Los víveres comenzaron a escasear o a pudrirse. El agua se corrompió, el escorbuto hizo su mortal aparición en la vida de los marinos. La hambruna se apoderó de los hombres que comían ratas, galletas llenas de gusanos, el cuero que protegía los mástiles ablandados e incluso serrín.

La tripulación, diezmada y agotada, llegó a la isla de Guaján a principios de marzo de 1521. Algunos días más tarde descubrieron las actuales islas Filipinas, que llamaron de San Lázaro. Un mes después murió Magallanes, en el islote de Mactán, en una reyerta con los indígenas. Poco después, su sucesor, Duarte Barbosa, fue asesinado a traición en un banquete en Cebú. Los marinos supervivientes decidieron cargar todas las especias que pudieron en dos naves y se dirigieron a Mindanao. Allí comprobaron que el único barco que estaba preparado para navegar era la nao Victoria que mandaba Elcano.

Se resolvió que una parte de la expedición se quedara a reparar la otra nave, y Elcano iniciara con la Victoria el viaje de regreso. Tras tocar las islas Molucas, donde rellenó las bodegas del barco con especias y formalizó tratados con jefes locales para futuras expediciones, se dispuso a volver.

Este viaje fue una hazaña peligrosa, pues a las dificultades propiamente marítimas, como la de doblar el cabo de Buena Esperanza, se añadía la necesidad de cruzar el océano Índico y bordear el continente africano sin hacer escalas, por miedo a ser capturados por los portugueses, que ya habían enviado una flota para intentar que el empeño de Magallanes terminara en un rotundo fracaso.

A pesar de todas las dificultades, lograron alcanzar el punto de partida, Sanlúcar de Barrameda, el 6 de septiembre de 1522. Dos días más tarde descargaban la preciada carga en Sevilla. El volumen de especias que trajeron sirvió para cubrir con creces todos los gastos de la expedición. Habían trascurrido de tres años y dieciséis días de navegación y recorrido 14.000 leguas.

El aprendizaje de una apuesta arriesgada

La primera vuelta al mundo demostró que la tierra era redonda y que navegando siempre en la misma dirección se llegaba al mismo punto de partida. Algo que se intuía y que unos arriesgados marineros que creían en sus posibilidades y sus conocimientos demostraron de una vez por todas y sin duda alguna.

El Emperador Carlos I recibió a los supervivientes en Valladolid y concedió a Elcano una renta anual de 500 ducados en oro y un escudo de armas, cuya cimera era un globo terráqueo con la leyenda Primus circumdedisti me (el primero que me rodeaste). España podía presumir en ese momento de haber descubierto dos de las cinco partes del mundo y de que las quillas de sus barcos habían medido la magnitud del globo terráqueo y demostrado la esfericidad de la tierra.

Posteriormente, Elcano participó en las Juntas de Badajoz y Yelbes, donde se puso fin al enfrentamiento hispano-portugués por la posesión de las islas Molucas, que habían constituido uno de los principales puntos de fricción entre ambas monarquías.

Las expectativas de negocio surgidas a raíz del viaje propiciaron la fundación de una nueva Casa de Contratación en La Coruña, destinada a especializarse en el comercio de las especias. Desde allí partió una segunda expedición, costeada por los Függer y comandada por el aristócrata García Jofre de Loaisa, con el objetivo de evitar nuevos problemas de insubordinación. Elcano viajaba, a pesar de sus protestas, como piloto mayor. Pero aquella expedición, que salió de La Coruña en 1525, fracasó tras la muerte de Loaisa y de Elcano sucesivamente.

Juan Sebastián Elcano murió de escorbuto en un lugar del océano Pacífico, que él se había aventurado a surcar, un 4 de agosto de 1526. Casi siete años después de iniciar su gran singladura que lo convirtió en un personaje histórico.

La capacidad de asumir riesgos e innovar

En la vida de Juan Sebastián Elcano hay claroscuros y momentos en los que su comportamiento no fue ejemplar, como en la de otros muchos personajes históricos. Pero hay que destacar en él dos rasgos que pueden servir de ejemplo para los empresarios.

El primero es su capacidad para asumir riesgos y afrontar situaciones nuevas e inéditas en las que no se tiene experiencia previa. Como fue, por ejemplo, cruzar de un océano a otro por el Estrecho de Magallanes, navegar por un par inmenso y desconocido que nadie había surcado antes y tratar con jefes locales de tierras remotas que veían por primera vez a un europeo.

Afrontó estos y otros retos porque poseía una formación y unos conocimientos que le permitían asumir la posibilidad del éxito o del fracaso. Era consciente de que muchas veces se “hacía camino al andar”, como diría Antonio Machado. Era un innovador, segunda característica importante, pero no un temerario. Quizá su experiencia en los motines que participó le llevó a pensar que era mejor asumir riesgos controlados y controlables, que lanzarse a lo desconocido de forma imprudente y aventurada.

Es posible que la prudencia no fuera una de sus principales virtudes, pero cuando tuvo que mostrarse sensato lo fue y, además, sacó provecho de ese comportamiento. Su experiencia y su formación le llevaron a enrolarse en aventuras en las que podía aportar algo y en las que podía conseguir algún beneficio para sí y para otros. Por ejemplo, la vuelta al mundo benefició mucho a la Corona de España y a los marinos españoles, y le proporcionó un beneficio personal importante no sólo económicamente, sino también en forma de aprecio y prestigio social.

No cabe duda de que en circunstancias difíciles, alejado de la patria, con una tripulación cansada y al borde de la desesperación tras haber visto morir a muchos compañeros, con unos medios en malas condiciones por los años de navegación, fue capaz de concluir una empresa y alcanzar el final.

Para eso es necesario, en primer término, creer en el proyecto que se está realizando, pero también, en segundo lugar, ejercer un liderazgo indiscutible sobre las personas que acompañan al emprendedor y líder, que tienen que ver en él al más adecuado para conducirles al éxito sorteando y superando circunstancias adversas y condiciones complicadas que pueden conducir en cualquier momento a un fracaso total y estrepitoso. Juan Sebastián Elcano generaba en los demás una confianza que con la que se ganó la autoridad para gobernar a su gente y para transformar las situaciones adversas en condiciones e instrumentos que conducían al éxito.

Por Salvador Rus, Profesor de Historia del Pensamiento y Director de la Cátedra de Empresa Familiar de la Universidad de León

Un comentario

  • Cristian moil

    Cristian moil dice:

    Magallanes fue y es un heroe consagrado y con orgullo llevamos su nombre magallanicos de por vida.

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