Konrad Adenauer, un constructor de Europa

(Colonia, 5 de enero de 1876 –  Rhöndorf, 19 de abril de 1967)

Konrad Hermann Joseph Adenauer fue un político con una dilatada carrera que le llevó desde el gobierno municipal hasta la Cancillería de la recién creada República Federal de Alemania. Fue alcalde de su ciudad natal, Colonia, más de veinte años, durante el Imperio Prusiano y la República de Weimar. Se opuso al régimen de terror impuesto por Hitler y su partido nacional socialista. Recogió una Alemania humillada, derrotada e inexistente y de esas cenizas, como el Ave Fénix, logró construir una Alemania fuerte que se convirtió en el motor del proyecto político más importante de su vida, las Comunidades Europeas, el germen de la actual Unión Europea. Para hacer realidad este proyecto sumó esfuerzos junto a otros europeístas convencidos como Alcile de Gasperi, Jean Monnet y Robert Schuman. Cada uno de ellos posee méritos suficientes para figurar en esta sección.

Una vida política agitada

Adenauer estudió Derecho en la Universidad de Friburgo, en Brisgovia. Se afilió al Partido del Centro Alemán, conocido como Zentrum, que se había creado en 1870 para defender los intereses de la Iglesia Católica en el Segundo Reich alemán después de la unificación. En 1911  se convirtió en alcalde de su ciudad, y estaba al frente de la misma cuando estalló la revolución alemana de 1919, que contribuyó a sofocar.

Convertido ya en uno de los líderes del partido Zentrum, empezó a perfilarse como defensor de los intereses regionales de Renania frente al poder central. Presidió la cámara alta del Parlamento prusiano durante la República de Weimar, entre 1920 y 1933. Al llegar los nazis al poder, fue destituido fulminantemente de todos sus cargos, acusado de varios delitos falsos y detenido en diversas ocasiones. Las persecuciones subieron de tono en 1944, cuando fue detenido de nuevo por la Gestapo e internado en el campo de concentración de Buchenwald. Se le acusaba de haber colaborado en el complot para asesinar a Hitler y de alentar el  golpe de estado del 20 de julio de 1944.

Cuando fue  liberado por las fuerzas aliadas,  recuperó su puesto como alcalde de Colonia. En 1945, Adenauer era un político maduro que había sufrido el zarpazo de la intolerancia y la perse-cución, y que había temido más de una vez por su vida. Tenía sesenta y nueve años, creía en una federación de estados alemanes y defendía la vieja idea del policentrismo como la opción más acertada ante los regímenes totalitarios que había conocido, y sobre todo ante los que prevale-cieron después de la Segunda Guerra Mundial.

Un canciller para reconstruir Alemania

El final de la Segunda Guerra Mundial abría para un político como Adenauer nuevas posibilidades. Tenía reputación de hombre conservador, demócrata y francófilo. Se había ganado fama de buen gestor y estaba libre de sospechas de cualquier colaboración con el nazismo. Los vencedores consideraron que poseía el perfil adecuado para a ocupar puestos relevantes en la nueva Alemania.

Inicialmente fue repuesto en la alcaldía de Colonia, de la que dimitió en 1945 por discrepancias con las fuerzas de ocupación británicas, que favorecían a los socialdemócratas. Intentó refundar el Zentrum, pero los tiempos habían cambiado y la nueva situación política aconsejaba romper con el pasado y fundar un nuevo partido que aglutinara tanto a protestantes como católicos. Así nació Unión Demócrata-Cristiana (CDU), partido en el que Adenauer ascendió rápidamente y se convirtió en presidente de la zona de ocupación británica, pese a tener una edad avanzada.

En 1948 fue elegido presidente del Consejo Parlamentario, órgano encargado de diseñar la cons-titución y las instituciones básicas para crear el nuevo Estado Alemán Occidental, que sería el resultado de la unión de las zonas de ocupación de Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia, porque la Unión Soviética no quería integrar su zona en una nueva Alemania reunificada.

El año 1949 fue decisivo en la vida de Adenauer. Accedió a la presidencia de la CDU de Alemania Occidental y a la de CSU de Baviera. Logró una de sus máximas aspiraciones, el reconocimiento de la soberanía de su pueblo, pero en régimen tutelado por los aliados. Y ganó las primeras elecciones generales celebradas en la recién creada y reconocida República Federal Alemana. En consecuencia, fue elegido canciller, aunque con alguna dificultad ya que fue su propio voto el que le dio la mayoría necesaria para acceder al cargo.

En la madurez de la vida, cuando muchos piensan en un retiro tranquilo en el que dedicarse a aquellas aficiones que no han podido cultivar anteriormente, Adenauer asumió la gran tarea de reconstruir Alemania. Fue reelegido en los comicios de 1953, 1957 y 1961. Como canciller presidió el gobierno de Alemania Occidental durante 14 años, por lo que es considerado el “padre” de la democracia alemana. Entre los logros de su mandato destacan la reconstrucción de la posguerra y la consolidación de una democracia estable.

Inició la recuperación de la Alemania Occidental y ayudó a convertir la nación en una potencia económica. Los historiadores y economistas han llamado con toda justicia a esta época “el mila-gro alemán”. Incrementó el nivel de vida y las condiciones económicas de los alemanes. En el año 1953, la moneda oficial, el marco, era ya una de las divisas más cotizadas y fuertes del mundo. La flota mercante rebasaba la cifra de 1.500 unidades, al tiempo que la producción de acero se emparejaba con la británica. Todo estaba preparado para que  la Comunidad Europea del Carbón y del Acero  se pusiera en marcha sobre los raíles de la economía de Alemania.

Los sueños  se hacen realidad

En 1954 consiguió acabar con el estatuto de país ocupado y restablecer la plena soberanía de Alemania, un sueño que había perseguido desde que se dio por concluida la Segunda Guerra Mundial. Un año después logró la liberación de los últimos prisioneros de guerra alemanes.

La labor de Adenauer como Canciller se reveló enormemente eficaz y provechosa en el plano de las relaciones internacionales. Lideró la reconciliación con Francia y otras potencias europeas. Alemania pudo volver a tener un ejército y fue admitida como miembro de la OTAN. Consiguió estabilizar las relaciones de cooperación y colaboración con Occidente, y recuperó también las relaciones diplomáticas con la Unión Soviética y el resto de los países fronterizos o próximos que estaban bajo la influencia de la URSS.

Esta vuelta a la escena internacional fue una tarea lenta y paciente. Adenauer se ocupó también la cartera de Asuntos Exteriores a partir de 1951. Desde esa responsabilidad consiguió superar los sentimientos revanchistas y la incomprensión de algunos políticos europeos. Siempre insistió en que el nuevo régimen de Bonn no tenía nada que ver con los precedentes. Tuvo la suerte de que el presidente de Estados Unidos Truman convenció a los políticos europeos de que la suerte de Alemania estaba ligada a Europa y  viceversa. Estos movimientos de reconciliación contaron con la comprensión y el apoyo de Churchill y de Eden. El resultado fue otro sueño  cumplido: la completa compenetración entre los conservadores británicos y los alemanes. Así consiguió hacerse un hueco en la competitiva y complicada política internacional.

Un final triste

Con todos los éxitos políticos que acumuló, Adenauer se presentó a la reelección 1953, que ganó de forma indiscutible. Reforzado con una gran mayoría parlamentaria pudo conseguir formar un nuevo gobierno con miembros de su partido, sin tener que recurrir a ninguna otra fuerza política y a coaliciones que podían condicionar su programa de gobierno.

En este nuevo período político consiguió la reincorporación de Alemania como nación soberana e independiente a la política internacional. Impulsó la creación y puesta en marcha de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero y de la Comunidad Nuclear (Euratom), que fueron los inicios de la futura Comunidad Económica Europea (CEE), y situó la renta de los alemanes en los niveles más altos de Europa.

Fue reelegido una vez más en 1957, pero no pudo conseguir su última meta soñada: la reunifica-ción de Alemania, pese a la incondicional ayuda ofrecida por Estados Unidos. Vivió con dolor la partición definitiva de Alemania en dos países diferentes y que con el tiempo se convirtieron en antagónicos.

Las elecciones generales de septiembre de 1961 arrojaron un resultado semejante al de 1949: la CDU no logró la mayoría suficiente para gobernar en solitario. Se planteó una alianza con los liberales de la FPD, que pusieron unas condiciones muy duras para formar parte del gobierno, como la retirada efectiva de Adenauer como canciller en el primer bienio, entre otras.

No tuvieron que esperar a esa fecha, porque un escándalo que hizo público el periódico Der Spiegel, en el que se vieron envueltos algunos miembros del gabinete, forzó la dimisión y la re-nuncia de Adenauer en 1963. Antes de abandonar la actividad política, firmó el Tratado de Amistad Franco-Alemán.

Denostado por su autoritarismo y por su excesiva identificación con los intereses occidentales, fue criticado por su actitud hacia los países del Este. Con más de ochenta años, “el Viejo”, como lo apodaban algunos enemigos, conectaba mal con la opinión abierta y liberal de las generaciones jóvenes. Tras haber renunciado a optar al puesto de presidente de la República, le sucedió como canciller Ludwig Erhard, Ministro de Economía y diseñador de la reconstrucción económica de Alemania. A partir de su retirada política, Adenauer se dedicó a redactar sus memorias. Murió en Rhöndorf, un pueblo de Bad Honnef, el 19 de abril de 1967, debido a un infarto al corazón.

Las lecciones de una larga trayectoria política

El magisterio legado por Konrad Adenauer se puede resumir en dos lecciones. La primera, aceptar la responsabilidad de gobernar y trabajar a favor de la comunidad política cuando las circuns-tancias se lo imponían. Así, no defraudaba a todos aquellos que veían en su persona y en su ca-pacidad las cualidades necesarias que exigían las circunstancias históricas, por adversas que éstas fueran.

Jamás se asustó ante la responsabilidad que asumía, desempeñó los cargos con lealtad institu-cional y social, con veracidad y con entrega a un ideal que le superaba. Siempre fue consciente de que tenía que formar equipos que le ayudaran en el gobierno y en la dirección de los proyectos políticos, reformas sociales y política económica. Así consiguió crear de la nada una nueva nación que pronto se situó en al nivel de las otras y que comenzó a contar en el concierto internacional.

La segunda lección es que supo transformar todas las situaciones, por difíciles que fueran, en posibilidades de desarrollo y mejora personal y social, incluso su paso por un campo de concen-tración. En cada momento hizo lo que las circunstancias exigían, pero siempre mirando al futuro.
Es curioso que los periodistas recuerden de él su extenso y profundo conocimiento político, y que en algunas entrevistas y conversaciones detalló que el desarrollo económico, que él no se cansó de impulsar, terminaría  provocando la caída del régimen comunista en Europa del Este, y en concreto de la otra Alemania. Esta visión del futuro le llevó a asumir con entereza y responsabilidad los retos que se presentaron a lo largo de su dilatada y fecunda carrera política

Su final triste es el propio de aquel que envejece en el cargo y no alcanza a comprender la evolu-ción social y política del entorno. Es mejor marcharse con honores que verse obligado a ceder el poder perdiendo toda autoridad y, en muchas ocasiones, arruinando una dilatada y exitosa tra-yectoria profesional.

Por Salvador Rus, profesor de Historia del Pensamiento y Director de la Cátedra de Empresa Familiar de la Universidad de León

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