Winston Churchill: el arte de gobernar en situaciones críticas

(Palacio de Blenheim, 30 de noviembre de 1874 – Londres, 24 de enero de 1965)

Sir Winston Leonard Spencer-Churchill fue un conocido e importante político inglés, escritor e historiador, actividad por la que consiguió en 1953 el Premio Nobel de Literatura, porque, según la exposición de motivos de la Academia Sueca, fue un maestro tanto “en la descripción histórica y biográfica, como por su brillante oratoria, que defiende exaltadamente los valores humanos”. Estos valores constituyeron su faro y su luz en la actuación política y en toda su vida. Luchó hasta que las fuerzas físicas y mentales le abandonaron para conseguir instaurarlos, conservarlos y acrecentarlos.

Una niñez difícil

Se conserva una fotografía de Churchill con camisa de marinero y pantalón corto cuanto contaba siete años que nos muestra un niño con una mirada resolutiva, una pose arrogante y una actitud valiente ante la vida. Su padre fue Lord Randolph Churchill, tercer hijo del séptimo duque de Marlborough, y su madre fue Jennie Jerome, hija del millonario estadounidense Leonard Jerome.

Toda su niñez transcurrió en diferentes centros docentes en régimen de internado. Headmaster’s House de Harrow School marcó gran parte de su infancia. No destacó por ser aplicado o por su l progreso en la formación, pero sí por el estudio de la lengua inglesa. De hecho, hoy día existe en Harrow el premio Churchill, que se otorga a un ensayo escrito en inglés.
Churchill sufrió mucho porque durante su estancia en el internado su madre lo visitó en muy contadas ocasiones. Existen cartas en las que le suplica que vaya a verle o bien que la deje ir a visitarla. Adoraba a su madre, pero ésta parecía estar más preocupada por su vida social que por las responsabilidades sobre la educación de su hijo.

En el internado se forjó una personalidad independiente e inconformista que le llevó a suspender varias materias Muchos piensan que su fracaso en la escuela fue un acto de rebeldía contra sus padres, porque se sentía abandonado. No obstante, consiguió ser campeón de esgrima y destacó en aquellas asignaturas por las que sentía predilección y en las que tenía facilidad: la lengua inglesa, las matemáticas y la historia.

Militar, corresponsal y escritor

En las biografías de Churchill se dice que su formación es militar porque no estudió, como muchos jóvenes ingleses de su posición social, en las prestigiosas universidades de Oxford o Cambridge. Efectivamente, se graduó en la Real Academia de Sandhurst, donde se formaron varios miembros de la realeza europea. Inmediatamente se unió al 4° Regimiento de Húsares, que tenía su sede en la India. La vida militar en la India durante esos años era tranquila. Churchill practicó el polo y dedicó mucho tiempo a la lectura. Quizás allí leyó todos aquellos libros que tendría que haber leído en la escuela.

Churchill buscaba por todos los medios la forma de ser testigo presencial en los principales conflictos coloniales que afectaban al Imperio Británico, unas veces como militar y la mayoría de ellas como corresponsal de algún medio de comunicación. En 1895 estuvo en Cuba financiado por el The Daily Graphic con el compromiso de escribir artículos. Allí presenció los combates entre las tropas españolas y los rebeldes cubanos. Tuvo la ocasión de visitar los Estados Unidos.

Poco después de regresar, estalló el conflicto de los Balcanes entre Turquía y Grecia, pero terminó antes de que pudiera llegar al escenario bélico. Cuando estaba de vuelta a Inglaterra se rebelaron los Pastunes, y su comandante le permitió unirse a la tropas expedicionarias. Compaginó su actividad militar con la de corresponsal escribiendo para The Pioneer y The Daily Telegraph. En octubre de 1897, vio la luz su primer libro, The Story of the Malakand Field Force, en el que resume todas sus vivencias durante la campaña. Dos años más tarde, fruto de su participación en la reconquista del Sudán como militar y corresponsal del The Morning Post, publicó su segundo libro en dos tomos, titulado The River War.

El año 1899 marca  un antes y un después en la vida de Churchill. Abandonó el ejército e inició la carrera política, que era su verdadera vocación y se convirtió en su pasión. El primer intento de ser elegido representante en el Parlamento fue un fracaso y, como carecía de obligaciones y ocupaciones, aceptó la oferta del diario The Morning Post para ser corresponsal en la segunda guerra Anglo-Bóer. Allí cayó prisionero y protagonizó una fuga que le proporcionó cierta notoriedad. Decidió unirse al contingente militar del General Buller y participó en la victoria de los ingleses sobre los Bóer. Escribió dos libros en los que relató estas experiencias: London to Ladysmith via Pretoria e Ian Hamilton’s March, ambos publicados en 1900.

Inicios de una carrera política

En 1900 gozaba de cierta popularidad y comenzaba a ser conocido por sus libros y artículos en la prensa. En las elecciones celebradas ese año consiguió un escaño en el Parlamento por el Partido Conservador, pero  como los diputados no cobraban, hizo un viaje por los Estados Unidos para recaudar algunos fondos que facilitaran su actividad política. Consiguió reunir 10.000 libras, y conoció al escritor Mark Twain y al entonces vicepresidente Theodore Roosesvelt.

En febrero de 1901, Churchill, como parlamentario, no dudó en criticar con dureza y de forma constante los planteamientos del Gobierno de su partido. Se opuso a la asignación presupuestaria para el ejército y al liderazgo conservador de Joseph Chamberlain por las medidas arancelarias y proteccionistas que propugnaba en el terreno económico. Esto le costó la animadversión por parte de los conservadores. Cansado de tanto ostracismo, decidió enrolarse en las filas del Partido Liberal. Por tanto, se vio obligado a cambiar la circunscripción electoral y se presentó por Manchester North West, donde fue elegido como parlamentario en 1906. Mientras tanto siguió con su actividad literaria y escribió la biografía de su padre: Lord Randolph Churchill, cuya publicación coincidió con su segunda elección. La crítica la acogió como una gran obra.

Los liberales accedieron al gobierno en 1905 y Churchill fue nombrado Viceministro para las Colonias. Su actividad fue decisiva para la política internacional del Imperio Británico y le mereció el nombramiento de Presidente de la Dirección de Comercio como reconocimiento en 1908. Aunque perdió las elecciones en su distrito, consiguió la nominación por Dundee.

En 1910 fue nombrado Ministro de Interior,  cargo desde el que adoptó algunas decisiones polémicas y también cosechó grande éxitos. Un año más tarde fue promovido a Primer Lord del Almirantazgo, y aprovechó las posibilidades que le abría el cargo para planear y ejecutar grandes reformas como el desarrollo de la aviación naval, la construcción de carros de combate, el cambio del petróleo como combustible e iniciativas empresariales como la constitución de la Royal Burmah Oil para controlar el petróleo de Mesopotamia.

Cuando estalló la Primera Guerra Mundial, Churchill seguía al frente del Almirantazgo y su intervención quedó marcada por el fracaso del desembarco de Galípoli, que le valió el apodo de “El Carnicero de Galípoli”. Se vio obligado a abandonar toda responsabilidad política en un gobierno de coalición formado por Herbert Henry Asquith, Primer Ministro por el Partido Liberal entre 1908 y 1916.

Solicitó su reingreso en el ejército consciente de que Inglaterra y Europa necesitaban oficiales para combatir en la llamada Gran Guerra. Fue destinado al frente occidental para frenar el avance del ejército alemán en tierras francesas. El final del conflicto llegó cuando había sido promovido a Ministro de Guerra y del Aire (1919-1921). Le tocó reducir el presupuesto destinado a la defensa y fue partidario de una intervención aliada en Rusia para erradicar el régimen de los bolcheviques. En 1921 fue nombrado Ministro de las Colonias y estableció el Estado Libre de Irlanda.

Con el sentido del humor que le caracterizaba explicaba que, en 1922, debido a las divisiones internas de su partido y a una operación de apendicitis, perdió su escaño en el Parlamento. Volvió a fracasar en las elecciones del año siguiente. En 1924 fue elegido por el distrito de Epping y se afilió al Partido Conservador.  Con su habitual sorna decía: “cualquiera puede cambiar de partido, pero es preciso hacer gala de una cierta imaginación para cambiar dos veces”.

En 1924 fue nombrado Ministro de Hacienda y   por sugerencia del Gobernador del Banco de Inglaterra decidió volver al patrón oro, que fijaba el valor de la moneda en términos de una determinada cantidad de oro, un error que provocó una creciente escalada de desempleo, una deflación y un malestar social que desembocó en una de las huelgas generales más duras que se recuerdan. El partido conservador fue derrotado en las elecciones generales de 1929 y se formó un gobierno de coalición en el que Churchill fue excluido. Su carrera política estaba en su punto más bajo. Como tenía tiempo y le gustaba escribir, se dedicó a preparar varios libros, entre los que destacan Marlborough: His Life and Times y The History of the English Speaking People, que se publicó después de la Segunda Guerra Mundial.
Pese a comprobar que nadie contaba con él, su fino olfato político le llevó a centrar sus críticas sobre el régimen nazi de Hitler porque representaba un peligro para Europa y para la Humanidad. Parecía que era el único que se atrevía a denunciar el rearme alemán y abogó por la necesidad de fortalecer militarmente a Gran Bretaña. Su principal preocupación fue evitar que Alemania obtuviera la superioridad en la fuerza aérea, que desgraciadamente consiguió a pesar de sus advertencias. Churchill no pudo más que observar con desaliento y frustración cómo la política de apaciguamiento con el régimen nazi del Primer Ministro Arthur Neville Chamberlain estaba agotando las únicas posibilidades de evitar una guerra en Europa.

El Primer Ministro, en un intento por evitar una confrontación armada, viajó a Múnich y consiguió arrancar de Hitler un acuerdo por el que se comprometía a renunciar a cualquier otra pretensión territorial en Europa a cambio de que el gobierno de Praga reconociera un régimen de autonomía para la región de los Sudetes, de mayoría alemana. Cuando Chamberlain volvió y enseñó a todos el acuerdo, Churchill le dijo: «os dieron a elegir entre el deshonor y la guerra. Elegisteis el deshonor, y además tendréis la guerra”. Sus palabras se cumplieron.
Los acontecimientos se precipitaron y a Chamberlain no lo quedó más remedio que advertir a Hitler de que si Alemania invadía Polonia, el Reino Unido le declararía la guerra. Francia secundó la advertencia. El 1 de septiembre de 1939 comenzó la Segunda Guerra Mundial en Europa.

Un líder para Europa y el mundo

Al comienzo de la Guerra Mundial, Churchill fue nombrado Primer Lord del Almirantazgo. Después de una serie de errores políticos, Chamberlain se vio obligado a presentar su dimisión y el Rey propuso a Churchill  que formara un nuevo gobierno. Su tiempo como Primer Ministro puede resumirse en la frase que pronunció en su primer discurso en el Parlamento: “No tengo nada más que ofrecer a los ingleses que sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor”.

La primera crisis a la que tuvo que hacer frente fue la invasión de Holanda, Bélgica y Francia por parte de Hitler. Afortunadamente, logró evacuar a más de 250.000 soldados  británicos, franceses y belgas en Dunkerque. Churchill se sintió aliviado porque veía factible recomponer al ejército británico, no sólo para su defensa sino para volver a liberar Europa. Si hubiera fracasado, probablemente su prestigio se habría hundido y con él las esperanzas de conseguir doblegar a los regímenes totalitarios que dominaban Europa.

Con sus discursos, que gracias a la radio llegaban a todos los rincones de las Islas Británicas y fuera de ellas, Churchill logró levantar la moral del ejército y del pueblo, que estaban sumidos en una situación límite. Poseía un gran carisma, una inmensa credibilidad y la habilidad de infundir  confianza en una victoria final que muchos veían lejana o imposible. Logró que los británicos lucharan sin descanso para no rendirse, convenció al Presidente de los Estados Unidos Franklin D. Roosevelt de que entrara en la guerra europea y obtuvo financiación americana para los gastos bélicos mediante la ley de préstamo y arriendo. Visitó las primeras líneas del frente para infundir ánimos a los ejércitos, a veces  poniendo en peligro  su propia vida.

Acabada la guerra, Churchill participó en el reparto de Europa con los otros líderes aliados. Reconocido como un gran y popular político, no consiguió el apoyo de su electorado. En las elecciones de 1945 perdió contra Clement Attlee, candidato del Partido Laborista. Quizá los ingleses pensaron que quien los había guiado con éxito en la guerra no era el mejor hombre para liderarlos en la paz.

Durante seis años atendió sus labores como parlamentario y estuvo recorriendo el mundo para consolidar proyectos de política internacional como afianzar la ONU, evitar la expansión soviética y minimizar los efectos de la guerra fría y, finalmente, defender la idea de la Unión de Europa, para así evitar futuros conflictos entre Francia y Alemania.

“Con sus discursos, Churchill logró levantar la moral del ejército y del pueblo, que estaban sumidos en una situación límite.”

Churchill fue elegido nuevamente Primer Ministro en 1951, tras la victoria del Partido Conservador en las elecciones. Su gobierno se prolongaría hasta su dimisión en 1955. Durante este tiempo, renovó lo que él mismo denominó la «relación especial» con los Estados Unidos, y tuvo que ocuparse de los problemas con Irán por el control del petróleo, la crisis de Malasia y la sangrienta rebelión de Mau Mau en Kenia, a los que hizo frente con la energía que siempre le caracterizó. Realizó cuatro viajes transatlánticos para encontrarse con el presidente de los Estados Unidos y sellar una amistad duradera y fructífera en un momento en el que el mundo se dividía en dos grandes bloques y rechazaba a aquellos políticos tibios que huían el compromiso.

Retirado de la política porque era consciente de su declive mental y físico, se dedicó a recuperar su vida familiar en Chartwell House en Kent y a ayudar a los jóvenes valores de su partido para que aprendieran de un viejo león de la política. Murió rodeado de sus familiares el 24 de enero de 1965. Se le honró con un funeral de Estado al que acudieron los más importantes líderes del momento.

Un líder político de fronteras

Churchill fue político para situaciones difíciles, para tiempos de crisis y para momentos en los que la inminencia de la catástrofe mundial se tocaba con los dedos y mostraba la gran fragilidad de las instituciones políticas. Ante una coyuntura complicada siempre miró al futuro y nunca se dejó paralizar por lo que pudiera suceder o lo que pudieran pensar o decir de él. Fue siempre leal a sus convicciones y trabajó por el bien de Inglaterra y por el de la Humanidad. No buscó su gloria y su fama personal, sino servir a su nación y al mundo como él entendía que en cada momento debía hacerse, según sus fuerzas, su inteligencia y los equipos con los que contaba.

Planeó bien su sucesión porque cuando se retiró de la política le sustituyó en el cargo Anthony Eden, que era su más cercano colaborador y mejor ‘discípulo’, sin generar una conmoción en la política inglesa. Supo dejarlo todo en manos de otros cuando su presencia no beneficiaba a los proyectos que estaban en marcha o al futuro de Inglaterra. Apeló a los valores para mover la conciencia y la voluntad de los británicos en momentos especialmente delicados. Se opuso contra el parecer y la actitud condescendiente de muchos a una dominación ominosa por parte de líderes totalitarios que querían dominar Europa, por eso en un momento histórico apareció como el pilar sobre el construir la oposición a Hitler para vencerle en una guerra cruel e inhumana. Cometió errores y excesos que le costaron caro, pero de cada uno de ellos aprendió y asumió su coste político y humano.

Es un ejemplo para la empresa familiar por varias razones. En primer lugar, por su constancia en el trabajo y por su fe en el proyecto político, que defendió en una dilatada vida dedicada a una Inglaterra que pasó de ser una potencia imperial hegemónica a necesitar la alianza con Estados Unidos. También destaca  su gran sentido del humor ante las adversidades y fracasos, y su determinación para alcanzar el objetivo que, en muchas ocasiones, solo él lograba ver. Además, era capaz de integrar a personas en sus planes y conseguir que dieran lo mejor de sí mismas a lo largo de todo el proceso. Y siempre tuvo buena relación con los reyes a los que sirvió, desde Victoria I a Isabel II. Por otra parte, supo adaptarse a un mundo en continuo cambio y sometido a una durísima crisis que ponía a prueba las construcciones políticas y sociales existentes. Y, finalmente, destaca su lealtad y fidelidad a unos ideales a los que nunca renunció y que transmitió a las generaciones siguientes.a

Por Salvador Rus, Profesor de Historia del Pensamiento y Director de la Cátedra de Empresa Familiar de la Universidad de León

2 comentarios en “Winston Churchill: el arte de gobernar en situaciones críticas”

  • II Guerra Mundial

    II Guerra Mundial dice:

    Desconocía la información que mencionas de la niñez de Churchill, un artículo muy interesante sobre un personaje no menos… Con motivo del aniversario del desembarco de Normandía tuve la oportunidad de escuchar algunos de los mensajes que se emitieron por radio a la población y resulta emocionante,

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  • Mayor 25

    Mayor 25 dice:

    Artículo muy completo para conocer la historia de uno de los hombres más influyentes de nuestros tiempos.
    Personalmente una de sus frases célebres que más me ha marcado es «El éxito es aprender a ir de fracaso en fracaso sin desesperarse» , en mi opinión en algunas cosas tenía más razón que un Santo.
    Saludos!!

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