Faber-Castell: del ebanista de Núremberg a los lápices de lujo

Imagen: Web de Faber-Castell
Imagen: Web de Faber-Castell

Faber-Castell es el mayor fabricante de lápices de madera del mundo. Pero ¿cómo logró un ebanista de Núremberg que fabricaba lápices en su tiempo libre, a principios del siglo XVIII, crear una empresa que ya ha superado los 250 años de vida? Repasamos en este post los principales hitos de esta empresa familiar cuya historia se recoge en el libro 100 familias que cambiaron el mundo.

>> Los orígenes

Kaspar Faber (1730-1784) era un ebanista y fabricante de lápices en su tiempo libre al que las cosas le fueron lo suficientemente bien para establecerse por cuenta propia. A su muerte, le relevó en el taller su hijo Anton Wilhelm, que dio a la incipiente empresa su primer impulso con la introducción de una producción más industrializada.

>> Seis momentos destacados

Formación internacional para hacer frente a la competencia. En 1809 accedió al negocio la tercera generación de la familia, Georg Leonhard, que tuvo que hacer frente a la dura  competencia de los lápices ingleses, de mayor calidad debido a las excepcionales cualidades del carbón de Cumberland. La situación era complicada y amenazaba la supervivencia del fabricante alemán, pero Georg Leonhard fue capaz de visualizar el papel decisivo que tendría la expansión internacional y envió a sus hijos al extranjero. Allí aprendieron ideas innovadoras que más tarde les permitirían asentar las bases del fuerte crecimiento que tuvo lugar en los años sucesivos y abandonar el sistema de fabricación tradicional de lápices que habían empleado hasta entonces.

Modernización y capital humano. La cuarta generación de la familia empresaria llevó a cabo una importante labor de modernización, expansión y diversificación de la compañía. Se modernizó la fábrica y se construyeron nuevos edificios que mostraban la preocupación por el bienestar de los trabajadores y el deseo de crear un espacio que motivara el trabajo bien hecho. El interés por los trabajadores se tradujo además en la creación de un sistema de seguridad social, al que más tarde incorporaron planes de pensiones y otros beneficios sociales, unas medidas pioneras a mediados del siglo XIX.

Internacionalización de la marca y ampliación del catálogo. A mediados del siglo XIX la empresa se internacionalizó y se abrieron sucursales en Nueva York, San Petersburgo, Londres y París, aprovechando el impulso de las exposiciones universales. En 1861 se estableció la primera fábrica en el extranjero, situada en Brooklyn (Nueva York). También se amplió el catálogo de productos: en 1861 comenzaron a fabricarse pizarras escolares y en 1872 se inauguró una fábrica de gomas de borrar.

De Faber a Faber-Castell. El hijo del bisnieto fue designado sucesor al frente de la empresa, pero murió sin descendientes varones. La compañía fue heredada por su hija, la baronesa Ottilie von Faber, que se casó en 1898 con el conde Alexander zu Castell-Rüdenhausen. Este se incorporó a la empresa familiar poco después y pasó a dirigirla tras la muerte de la baronesa. Fue entonces cuando la compañía adoptó la denominación de A. W. Faber-Castell. Bajo la dirección de Alexander, la empresa modernizó su imagen y lanzó nuevas gamas de productos, como lápices de alta calidad y lápices de colores.

Nuevos productos: el lápiz de marca. Fueron los bisnietos del fundador quienes introdujeron la estampación del nombre de la fábrica en sus productos. Más tarde, el conde Alexander inventaría el lápiz de calidad, el lápiz de marca. Convertir los lápices en objetos de lujo fue una genial estrategia de desarrollo de producto que, aún hoy, les permite liderar un enorme mercado con un producto en apariencia sencillo.

Expansión y sostenibilidad. La octava generación de la familia tomó el relevo al frente del negocio en 1978. En esta etapa se abrieron nuevas fábricas y oficinas en el extranjero, especialmente en Asia, y se buscó la sostenibilidad de los proyectos que se habían puesto en marcha.

Actualmente, Faber-Castell fabrica más de 2.000 millones de lápices al año y tiene cerca de 7.000 empleados, un 13% de los cuales se encuentran en Alemania. Su gama de productos es extensa: desde lápices de grafito y de colores, hasta plumas, carboncillos, ceras, gomas de borrar y productos para artistas. ¡Existe un producto Faber-Castell para cada persona!

Para saber más:

 

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