Los hábitos de un accionista responsable y feliz: el liderazgo personal

covey1-homePara los miembros de una familia empresaria, ser o no accionistas es una elección que se toma libremente y representa una expresión de compromiso y voluntad de continuar un legado iniciado por un fundador o fundadora. El aceptar el rol de accionista conlleva la responsabilidad de preservar y enriquecer de manera positiva la historia, los valores y las tradiciones familiares, y la suma del capital intelectual, humano, relacional, social, operativo, espiritual y financiero de la familia empresaria.

Sentirse propietario es algo más que poseer acciones, implica la asunción y el disfrute del legado familiar  y altera la vida y las responsabilidades que se asumen, Tenemos en nuestras manos el futuro de la empresa que ha recibido el esfuerzo y la dedicación de nuestros antepasados. No es un trabajo fácil, pero puede ayudarnos a aumentar nuestro nivel de bienestar y darnos un sentido de propósito importante, siempre y cuando desarrollemos una serie de hábitos positivos que nos permitan compatibilizar nuestro proyecto de realización personal con el rol de accionista responsable. De esta manera generaremos la posibilidad de convertirnos en accionistas responsables y felices. Solo desde la realización personal acompañada de la responsabilidad de dejar un legado que trascienda en el tiempo, podremos aportar dos elementos clave para el éxito de toda empresa familiar: unidad y armonía accionarial.

El accionista responsable y feliz tiene una propiedad psicológica fuerte y positiva (ver nota 1), siente y vive un fuerte orgullo de pertenecía porque ha encontrado un rol en la empresa familiar que le motiva y desde donde puede aportar el máximo de su potencial. Pero ¿qué características tiene un accionista responsable y feliz?, además de los rasgos que caracterizan a los accionistas responsables y comprometidos, un accionista feliz se caracteriza por aumentar de manera proactiva su nivel de bienestar. El doctor Martin Seligman (ver nota 2), considerado como uno de los fundadores de la psicología positiva, sugiere que existen 5 componentes clave para aumentar nuestro nivel de bienestar:

1) un alto grado de emociones positivas;

2) la utilización óptima de las fortalezas personales;

3) las relaciones interpersonales positivas;

4) encontrar un propósito de vida y

5) establecer metas que podamos conseguir.

Los accionistas responsables y felices fomentan estos cinco ingredientes principalmente a través de una serie de hábitos (ver nota 3) que les permiten encontrar el rol desde donde aportar mayor valor a la familia y a la empresa, aumentando así su grado de bienestar.

Estos hábitos se pueden dividir en dos niveles, el primer nivel corresponde a los hábitos relacionados al liderazgo personal, y el segundo nivel se refiere a los hábitos dirigidos a desarrollar al liderazgo interpersonal. En este artículo nos centraremos en los primeros.

Hábitos relacionados con el liderazgo personal

  • Conviértete en un accionista proactivo

El primer hábito se refiere a tener la iniciativa y la responsabilidad de hacer que las cosas sucedan en la empresa familiar, siempre en línea con el propósito y los valores de la familia propietaria. Los accionistas proactivos aumentan naturalmente su nivel de emociones positivas, utilizan sus fortalezas para buscar soluciones creativas para afrontar las dificultades, forjan relaciones positivas, alinean sus valores y misión personal con su rol en la empresa familiar y tienen mayor facilidad para lograr sus metas.

Por el contrario, los accionistas reactivos se ven mayoritariamente impulsados por las circunstancias, por las condiciones, por el comportamiento de los demás y por los innumerables estímulos externos. Los accionistas proactivos también se ven influidos por los estímulos externos, ya sean físicos, sociales o psicológicos, pero su respuesta a estos estímulos es una elección basada en valores. Por ejemplo, si uno de mis valores es el cuidado de la relación con los miembros de mi familia, aun cuando se produzca algún desacuerdo con mis hermanos, mi respuesta estará asociada con la escucha empática y con buscar una resolución al desacuerdo que sea constructiva para todos. El accionista proactivo entiende que lo que le hiere o daña no es lo que le sucede, sino su respuesta ante lo que le sucede. Como observó Eleanor Roosevelt: “nadie puede herirte sin tu consentimiento”.

Dado que nuestras actitudes y comportamientos fluyen de nuestros paradigmas internos, es muy útil examinar dichos paradigmas desde el lenguaje que utilizamos. Nuestro lenguaje suele ser un indicador muy exacto del grado en que nos vemos como personas proactivas. Por ejemplo, un accionista reactivo podría decir: “Yo soy así”. (Estoy determinado y no puedo hacer nada al respecto.) “No puedo preparar la reunión. No tengo tiempo”. (Me controla algo externo: el tiempo limitado). “Si mi hermano fuera más paciente, si me escuchara más”. (La conducta de otra persona está limitando mi efectividad). En cambio, un accionista proactivo, ante las mismas situaciones se expresaría de esta manera: “Puedo optar por un enfoque distinto”. “Elijo preparar la reunión con tiempo suficiente”.  “Decido gestionar mi impaciencia y practicar la escucha activa cuando estoy con mi hermano”.

Algunos ejercicios prácticos para desarrollar el hábito de la proactividad pueden ser los siguientes: 1) durante una semana presta atención a tu lenguaje y al lenguaje de los demás miembros de tu familia ¿con qué frecuencia utilizas o utilizáis frases reactivas como “así soy”, “no puedo hacer nada”, “no me lo permitirán”, etc.

2) Elije un problema o dificultad que tengas actualmente en relación a tu empresa familiar que te esté causando malestar, y piensa cómo puedes responder de manera proactiva. Tómate un espacio para reflexionar y visualízate respondiendo de manera proactiva.

“Los accionistas proactivos alinean sus valores y misión personal con su rol en la empresa familiar y tienen mayor facilidad para lograr sus metas.”

  • Crea una misión personal

De la misma manera que las empresas familiares deben disponer de una constitución familiar o un marco de actuación que fomente la cohesión de la familia y el compromiso con el proyecto empresarial, el accionista responsable y feliz debe contar con una “misión personal” que se centre en los valores o principios que dan fundamento al “ser” y al “hacer”. Una de las maneras más efectivas para elaborar una constitución personal es reflexionar sobre qué quieres ser (carácter) y hacer (aportaciones a la sociedad y logros), y sobre los valores o principios que dan fundamento al ser y al hacer.

Puedes realizar el ejercicio de visualizar tu propio homenaje póstumo, donde hay tres oradores (un familiar y accionista, un empleado/directivo de la empresa familiar y un miembro de la comunidad donde la empresa familiar opera). Tómate un tiempo para reflexionar profundamente sobre: ¿qué es lo que te gustaría que cada uno de estos oradores dijera sobre ti y tu vida? ¿Qué tipo de accionista te gustaría que reflejaran sus palabras? ¿Qué legado te gustaría dejar a las siguientes generaciones? Este ejercicio te dará claves importantes sobre tu misión personal y tus valores, y sobre cómo los puedes alinear con tu rol de accionista.

Crear una misión personal que nos indique la función única e irrepetible que ocupamos en el mundo, cuesta tiempo y esfuerzo, no se trata de un ejercicio rápido, se necesita esfuerzo, sinceridad y coraje. Pero el esfuerzo valdrá la pena, pues es una pieza importante para conectar con nuestro sentido vital, uno de los cinco componentes clave del bienestar humano (ver nota 4).

Nuestros valores o principios son verdades profundas, fundamentales, son más grandes que las personas y las circunstancias, nos dan fuerza y sabiduría a la hora de tomar decisiones. Al redactar una misión  personal estamos dando expresión a nuestros verdaderos cimientos.  Ejercicio que nos permitirá alinear nuestros valores y principios personales con la misión y los valores de nuestra empresa familiar dotándonos de coherencia y bienestar. Algunas sugerencias prácticas para desarrollar este hábito son:

1) dedica tiempo para realizar el ejercicio de visualizar tu propio homenaje póstumo  y el legado que quieres dejar;

2) dedica tiempo fuera de tus actividades diarias para ir redactando un enunciado corto que describa tu misión personal (que será el corazón de tu constitución personal); el enunciado deberá estar escrito en primera persona, tiempo presente y utilizando el sujeto activo, deberá estar escrito en un máximo de dos líneas.  Un ejemplo de misión personal puede ser: “Aporto valor al mundo a través de aumentar la salud de las personas”.  En palabras de Viktor Emil Frankl (ver nota 5): “Toda persona tiene su propia misión específica en la vida… En ella no puede ser remplazada, ni su vida puede repetirse, De modo que la tarea de cada uno es tan única como su oportunidad específica para llevarla a cabo.”

3) reflexiona sobre cada uno de tus roles actuales: ¿estás satisfecho con la manera en que llevas cada uno de ellos? ¿Tus actividades diarias están fundamentadas en tu misión personal y en tus valores?

“El accionista responsable y feliz debe contar con una “constitución personal” que se centre en los valores o principios que dan fundamento al “ser” y al “hacer”.

  • Céntrate en lo importante

El accionista responsable y feliz invierte la mayor parte de su tiempo en cuestiones importantes. Las materias urgentes son por lo general muy visibles, nos presionan y reclaman nuestra acción inmediata, y muchas veces complacen a otros y nos distraen de las cuestiones importantes. Las cuestiones importantes tienen que ver con los resultados que queremos obtener. Si realizamos una tarea importante, quiere decir que estamos realizando algo que aporta valor a nuestra misión, a nuestros valores y a nuestras metas de alta prioridad. Las tareas importantes también tienen que ver con la prevención y preparación para así reducir al máximo las cuestiones urgentes, aunque siempre debemos estar preparados para situaciones inesperadas, la energía de un accionista responsable y feliz debe estar enfocada mayoritariamente en las cuestiones importantes.

Para decirles “si” a las actividades importantes, hay que desarrollar la asertividad y saber decir “no” a otras actividades que a primera vista pueden parecer urgentes e importantes aunque realmente no lo sean. Este hábito requiere de una planificación diaria de todas nuestras actividades, centrando cada vez más nuestra energía en todo aquello que aporte valor a nuestra felicidad y al bienestar de la familia y de la empresa.

En definitiva, el accionista responsable y feliz tiene la capacidad para tomar decisiones y elegir, y después actuar en consecuencia. Sus acciones se encuentran dentro de un marco de armonía, unidad e integridad entre su rol como accionista, su visión y misión personal, valores, otros roles y metas, planes, deseos y disciplina. También intenta siempre mantener el equilibrio entre su rol como accionista y otros roles en su vida.

Algunos ejercicios prácticos para desarrollar el hábito de centrarse en lo importante pueden ser:

1) Identifica una actividad importante que creas estar descuidando en tu rol como accionista, una actividad que al realizarla tendrá un efecto significativo en tu bienestar y en el éxito de la familia empresaria. Escríbela y comprométete a realizarla;

2) Reflexiona acerca de cuánto tiempo estás dedicando todos los días a cuestiones urgentes y trivialidades, así como a actividades importantes: ¿estás satisfecho con tu manera de gestionar tu energía cada día? ¿Qué podrías mejorar para aportar mayor valor a la empresa familiar y para nutrir los cinco componentes clave de tu felicidad?

“El accionista responsable y feliz invierte la mayor parte de su tiempo en cuestiones importantes.”

Un accionista responsable y feliz entiende que no está solo y que forma parte de un sistema complejo y dinámico, y que cada una de sus acciones y decisiones, por más pequeñas o insignificantes que parezcan, afectarán de manera significativa al bienestar de la empresa familiar. Por ello debe desarrollar una serie de hábitos relacionados con el liderazgo interpersonal, que trataremos con mayor profundidad en el próximo artículo.

Por Lucia Ceja, investigadora de la Cátedra de Empresa Familiar del IESE

Referencias

  1. El vínculo emocional marca la diferencia: Propiedad psicológica en la empresa familiar
 .
Tàpies, J., & Ceja, L. (2013). IESE Insight, No 17, Segundo trimestre 2013, páginas 52 – 59.
  2. Seligman, Martin E. P. (2012). Flourish: A Visionary New Understanding of Happiness and Well-Being. New York: Atria.
  3. Covey, S.R. (1989). The 7 habits of highly effective people. Free Press.
  4. Seligman, Martin E. P. (2012). Flourish: A Visionary New Understanding of Happiness and Well-Being. New York: Atria.
  5. Frankl, V. (1946). El hombre en busca de sentido. Barcelona, España: Herder

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