4 técnicas para valorar los riesgos estratégicos en la empresa (familiar)

Por Miguel Ángel Ariño, profesor de análisis de decisiones del IESE

Los riesgos estratégicos son los que una compañía incurre cuando persigue una oportunidad. Sabe que las cosas pueden acabar mal, pero le compensa correr ese riesgo por los potenciales beneficios que obtendría si las cosas acaban saliendo como estaba previsto. En este artículo mostraremos algunas metodologías para afrontar los riesgos estratégicos.

Como vimos en el artículo anterior, no se pueden evitar todos los riesgos, pero conviene que la empresa esté preparada ante las posibles contingencias que puedan aparecer, que sepa diagnosticarlas, neutralizarlas y minimizar su impacto en caso de que lleguen a producirse. Tras ver en el artículo anterior cómo abordar los riesgos evitables, aquellos que se producen cuando se hace algo mal, en este artículo analizaremos los riesgos estratégicos.

Los riesgos estratégicos son aquellos a los que la empresa se expone cuando persigue una oportunidad con la esperanza de obtener beneficios. Sabe que las cosas pueden acabar saliendo mal pero el potencial beneficio si salen bien compensa la posibilidad de que no sea así. La entrada en un nuevo mercado, la adquisición de una empresa o el desarrollo de un nuevo producto implican riesgos, pero también suponen grandes oportunidades.

Cuando un laboratorio farmacéutico decide investigar para lanzar un nuevo fármaco, lo hace con la esperanza de que llegue a comercializarse, pero sabiendo que los resultados de la investigación podrían no llegar a buen puerto o que, aunque así fuera, las autoridades sanitarias podrían no aprobar el fármaco por sus efectos secundarios.  A la hora de tomar este tipo de decisiones estratégicas, la empresa debe valorar si el potencial beneficio que puede conseguir compensa asumir los riesgos de que el proyecto fracase.

Existen diversas técnicas que pueden ayudar a la empresa a realizar esta valoración, como los mapas de riesgos, el análisis “pre-mortem”, el papel del abogado del diablo y la evaluación de una segunda opción. Veamos en qué consiste cada una de ellas.

Técnicas para evaluar los riesgos estratégicos

El mapa de riesgos permite calibrar el riesgo que supone una decisión estratégica representando en una gráfica la magnitud del impacto que tendría para la compañía el fracaso de esa decisión (eje horizontal), y las probabilidades de fracaso (eje vertical), en una escala de tres niveles (bajo, medio y alto). Una vez situada la decisión en el mapa de riesgos, se puede valorar cómo de crítico resultaría asumir ese riesgo, y en consecuencia decidir si es buena idea seguir adelante con esa estrategia o es mejor descartar la propuesta.

Siguiendo con el ejemplo del laboratorio farmacéutico, si puede investigar varios fármacos a la vez, podrá permitirse el lujo de tomar decisiones más arriesgadas, porque en el caso de que un proyecto fracase, las pérdidas se compensarán con otros proyectos que salgan bien. Combinar negocios estables con innovaciones, y diversificar en distintos negocios y en distintos mercados, son posibles maneras de gestionar los riesgos estratégicos

El análisis “pre-mortem” consiste en anticipar las cosas que podrían salir mal si se pone en marcha una estrategia. Se trata de aplicar por adelantado el análisis “post-mortem”, que suele hacerse para analizar las causas de un fracaso y aprender de ellas. El “pre-mortem” requiere situarse en un futuro a dos o tres años vista, e imaginar que la estrategia que se está valorando ha fracasado totalmente. A continuación, hay que preguntarse por las causas del fracaso e intentar identificar las razones que lo han podido provocar. Este ejercicio sirve para pensar qué medidas se podrían tomar para evitar esas situaciones y adaptar la estrategia en función de los peligros potenciales detectados. Así se consigue un plan de acción mucho más robusto porque se habrán tenido en cuenta muchos posibles fallos y se habrá pensado de antemano cómo enfrentarse a ellos.

La figura del abogado del diablo también permite hacer un ejercicio de anticipación. Se designa a una persona cuya función es poner todas las pegas posibles ante un plan de acción, para intentar prever todas las posibles situaciones por las que podría fallar la estrategia que se desea perseguir. Estas pegas se discuten y se intentan remediar modificando la estrategia hasta donde sea posible o asumible. La estrategia resultante será más robusta que la inicial, porque habrá tenido en cuenta numerosos escenarios posibles.

Otra forma de gestionar los riesgos estratégicos consiste en estudiar una segunda opción de forma simultánea a la principal estrategia a seguir. Comparar dos estrategias y analizar en qué aspectos la primera es mejor que la segunda, y a la inversa, ayudará a vislumbrar posibles dificultades y a identificar qué opción conviene más llevar a cabo.

Aunque no son las únicas, estas cuatro metodologías son las más efectivas para gestionar los riesgos estratégicos. En el siguiente artículo, con el que cerraremos esta serie de gestión de riesgos en la empresa familiar, veremos cómo enfrentarse a los riesgos externos.

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