Los riesgos externos en la empresa familiar: cómo gestionar aquello que no se puede controlar

Por Miguel Ángel Ariño, profesor de análisis de decisiones del IESE

La variación del precio del petróleo, la aprobación de una nueva normativa o el estallido de una pandemia como el COVID-19 son circunstancias que afectan a la empresa en el desarrollo de sus actividades, pero que escapan de su control. ¿Cómo se pueden gestionar los riesgos externos? En este artículo se dan algunas pistas que ayudarán a las empresas a estar preparadas ante este tipo de situaciones.

Tras analizar los riesgos evitables y los estratégicos, en este artículo veremos cómo gestionar los riesgos externos. Los riesgos externos son todos aquellos factores que pueden afectar la marcha de una empresa y sobre los que no hay posibilidad de controlar ni de influenciar. Factores como la subida del precio de las materias primas, un cambio de legislación o el estallido de una pandemia como el COVID-19 pueden poner en riesgo la actividad de la compañía. La empresa no puede evitar estas circunstancias, pero sí intentar que le afecten lo menos posible si llegan a producirse.

Es imposible enumerar todas las causas externas que pueden amenazar a la empresa, pues el listado puede ser infinito. Lo que hay que hacer es definir cómo se gestionarán las consecuencias adversas resultantes, sean cuales sean las causas que las hayan provocado, igual que contratamos un seguro de coche para cubrir posibles imprevistos, aunque no sepamos cuáles serán ni cuándo se producirán.

Pensemos ahora en el ejemplo del laboratorio farmacéutico que vimos cuando hablábamos de riesgos estratégicos. ¿Qué haremos si las ventas caen un 20% el próximo año? Independientemente de la razón de la caída (que deberíamos analizar más tarde), hemos de pensar cómo reaccionaremos si se produce esta bajada.

Para gestionar los riesgos externos, podemos aplicar los mismos mecanismos que para los riesgos estratégicos, pero asumiendo que los riesgos externos no podemos controlarlos, solo defendernos de ellos.

Hay dos riesgos externos que son muy comunes, que afectan a todas las compañías, sean familiares o no, y que se producen de forma periódica. Uno es el riesgo reputacional, la pérdida de la buena imagen pública de la empresa. Este es un riesgo que se acrecienta con las redes sociales. Además, en las empresas familiares que llevan por nombre el apellido de la familia propietaria, cualquier incidente relacionado con uno de los miembros de la familia puede afectar negativamente al negocio.

Otro riesgo externo muy común es el riesgo del ciclo económico: después de un boom o aceleración económica siempre se produce una desaceleración económica que puede desembocar en una crisis. Si cuando las cosas van bien se persiguen todas las oportunidades que surgen, se hacen muchas contrataciones, se amplían las fábricas…, es posible que se sobredimensione la empresa de tal manera que cuando llegue la desaceleración económica, que llegará antes o después, la compañía se acabe pillando los dedos. Un buen directivo debería ser capaz de defenderse de los vaivenes de la economía y eso es algo que las empresas de propiedad familiar saben hacer muy bien, siempre con la vista puesta en el largo plazo.

Los riesgos externos de las empresas familiares

Muchos riesgos externos afectan por igual a todo tipo de empresas, independientemente de su tamaño, de la propiedad o de si cotizan en Bolsa. Sin embargo, las empresas familiares, por su especial idiosincrasia, se enfrentan a riesgos externos específicos.

A partir de la incorporación de la tercera generación al negocio, la propiedad queda muy diversificada y puede haber intereses muy diversos: los familiares propietarios que solo desean recibir dividendos, los que quieren implicarse en el gobierno, aquellos que quieren trabajar en la empresa, etc. Es muy importante que las empresas familiares sean capaces de conjugar todos los posibles intereses que puedan tener los legítimos dueños del negocio. Para saber cómo actuar ante estas situaciones, es recomendable establecer protocolos que especifiquen qué hacer en caso de conflicto. Como ya vimos cuando hablamos de los riesgos evitables, establecer normas y protocolos ayuda a paliar los riesgos, también los propios de la empresa familiar.

A modo de conclusión, podemos decir que lo que hay que hacer para gestionar el coronavirus o cualquier riesgo externo es dibujar posibles futuros escenarios y tener un plan de contingencia para cada uno de ellos. Es importante anticiparse porque, si esperamos que nos estalle la crisis, entonces estaremos en malas condiciones para poder gestionarla.

A lo largo de tres artículos, hemos analizado los tipos de riesgos a los que se enfrentan las empresas: los evitables, los estratégicos y los externos, y hemos dado algunos consejos para gestionarlos con éxito. Dirigir una empresa significa asumir riesgos, pues dirigir es decidir y decidir es arriesgar. No tomar decisiones lleva al inmovilismo e impide que la empresa avance. Por eso es importante que todos los directivos estén preparados para tomar decisiones y asumir riesgos. A tomar decisiones se puede aprender y a gestionar los riesgos, también, como hemos visto en esta serie de artículos.

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