Siguiendo el legado de viticultura familiar

Tengo el privilegio de dirigir el grupo Roqueta Origen, un grupo de pequeñas bodegas que, cada una con su marca, defiende su propia identidad y atributos mediante unos vinos de gran calidad. Pertenezco a la quinta generación directa de “viticultores-empresarios”. Mi historia sigue una saga de viticultores que se remonta al siglo XII en la comarca del Bages (Barcelona). En este artículo repaso este legado de viticultura familiar.

 

Por Ramon Roqueta Segalés, enólogo, Ingeniero Agrícola y CEO del Grupo Roqueta Origen, SA

Legado familiar

Mi historia sigue una saga de viticultores que empieza en el siglo xii en la Masía Roqueta ─antigua masía familiar─ situada en Santa Maria d’ Horta d’ Avinyó, comarca del Bages (Barcelona).

La comercialización directa al consumidor la empezó Ramon Roqueta Torrentó, mi tatarabuelo (a finales del siglo XIX), cuando abrió una tienda para vender vino en Manresa. Le siguió Valentí Roqueta Prat y su hijo Ramon Roqueta Roqueta, quien, a su vez, lo pasó a su hijo Valentí Roqueta Guillamet, mi padre.

Así la familia Roqueta fue ampliando la viticultura en una zona de antigua tradición vitivinícola, en el centro de Cataluña. Pasaron de la venta a granel al embotellado de vino de mesa, al retorno a la propia masía, con el cultivo y elaboración de variedades recuperadas en unas nuevas instalaciones y con la última tecnología del momento. Así surgió Bodegas Abadal, en 1983, siendo éste el proyecto estrella de mi padre.

Soy, pues, la quinta generación directa de “viticultores-empresarios” y desde 2015 dirijo el grupo familiar que comprende diversas bodegas, entre ellas: Bodegas Ramon Roqueta (D.O. Catalunya), que sigue la primera bodega familiar, y Bodegas Abadal (D.O. Pla de Bages).

“Todas las generaciones que me han precedido destacan por la dedicación exclusiva a la tarea vinícola y por la voluntad de seguir esta tradición en base a unos valores familiares muy arraigados que han calado en mi persona.”

Valores familiares

Todas las generaciones que me han precedido destacan por la forma ininterrumpida de dedicación exclusiva a la tarea vinícola; y por la voluntad de seguir esta tradición en base a unos valores familiares muy arraigados que han calado en mi persona:

a) Profundo respeto al legado familiar y voluntad de seguir los pasos y logros de nuestros antepasados; todo ello fruto de mucho esfuerzo y sacrificio.

b) Prudencia en el camino empresarial, pues tenemos claro que el éxito es necesario para garantizar la continuidad, pero que el crecimiento no puede ser a cualquier coste y se debe saber valorar los riesgos.

c) Paciencia para dejar que las viñas hagan su trayectoria natural, de forma pausada, para elaborar unos vinos dejando pasar los años que necesiten. Y la construcción de marca en el sector requiere el mismo tempo.

d) Innovación con entusiasmo, dinamismo e ilusión, con el punto de mira puesto en ampliar la actividad con proyectos que ayuden a la elaboración de vinos de calidad en la actualidad, a menudo inspirándose en elementos de nuestro rico pasado vinícola (como es el caso de las variedades autóctonas recuperadas).

e) Fidelidad al territorio que nos define como personas y configura, con sus características concretas y únicas, los vinos que se cultivan y se elaboran. El buen enólogo es el que sabe interpretar el paisaje y extraer de su uva el mejor vino, remarcando una personalidad propia y consiguiendo un signo de identidad también propio.

Desde 2006, que me incorporé a la empresa familiar, quedé marcado también por el compromiso cívico y empresarial, como lo hicieron mis antepasados. Por ello, soy miembro activo de diversas instituciones, entre ellas la Cámara Oficial de Comercio e Industria de Manresa, el Consejo Regulador de la Denominación de Origen Pla de Bages y la Associació Catalana d’Enolègs, entre otras.

“El vino, además de un alimento, es una forma de valorar y comunicar nuestro entorno, nuestra identidad, nuestras raíces, y en definitiva nuestra cultura.”

Emprender en el negocio familiar

Además de animarme a seguir la empresa, mi familia me empujó a satisfacer mi espíritu emprendedor ayudándome a iniciar el proyecto de una nueva bodega. Así, empecé mi proyecto personal en Terra Alta con LaFou Celler, en Batea (Tarragona, limitando con Aragón).

La comarca de Terra Alta me cautivó por la autenticidad del territorio, de su gente y de sus vinos y porque me permitía desarrollar un proyecto vinícola con una variedad autóctona de la zona ─la Garnacha ─, que ya me había interesado desde mis estudios de enología, pues estando en la zona francesa de Châteauneuf-du-Pape, pude observar cómo se podía cultivar esta variedad y elaborar vinos con un estilo muy elegante.

Así, unía mi interés en vinos singulares en dos territorios diferentes: la comarca de Terra Alta, con la Garnacha, y el Bages, que con un suelo y una climatología especial permite unas variedades autóctonas muy únicas ─la Picapoll y la Mandó, principalmente─ que también ofrecen unos vinos de gran personalidad. Son dos zonas completamente diferentes pero con un punto en común: la autenticidad, valor clave que queremos que defina todo nuestro proyecto vitícola.

LaFou ha sido un ambicioso proyecto también de recuperación y reconstrucción de una antigua finca, Casa Figueras, situada en el casco antiguo del pueblo de Batea, donde se ubica la sede de la bodega, y, a la vez, el cultivo de las viñas en MasGabrielet, lo que me llevó a desarrollar nuevas capacidades, alimentando el conocimiento de la zona y el expertise en la variedad Garnacha.

Posiblemente por todo ello, en 2016 fui galardonado como «Mejor enólogo del año» por la Asociación Catalana de Sommeliers, un reconocimiento que debo agradecer a los numerosos apoyos y consejos recibidos durante estos años, en especial por parte de mi familia.

“La formación académica es realmente útil y necesaria, otra escuela importantísima ha sido el ejemplo de mi abuelo y especialmente de mi padre, por el relato de sus experiencias, sus consignas y su visión de futuro.”

La formación

Pensando en las claves de haber podido perseverar en el negocio familiar, así como de haber iniciado un nuevo y entusiasmante proyecto, aparte de los valores familiares considero muy importante una sólida formación. En mi caso, quiero pensar que mis estudios agrícolas y de enología (en Francia), y mis prácticas en California y Australia, me han dado una visión del mundo del vino realmente muy valiosa. El máster en el IESE, con estancia en Nueva York y los años posteriores de consultoría (con proyectos externos a la viticultura), también me han enriquecido desde otra perspectiva.

Y así como la formación académica es realmente útil y necesaria, otra escuela importantísima ha sido el ejemplo de mi abuelo y especialmente de mi padre, por el relato de sus experiencias, sus consignas y su visión de futuro, que me ha invitado siempre a ponderar las metas y marcarme objetivos con la visión de seguir el legado familiar con éxito dentro del mercado muy competitivo que vivimos actualmente.

Roqueta Origen, hoy

Hoy, gracias a todo ello, tengo el privilegio de dirigir el grupo Roqueta Origen, un grupo de pequeñas bodegas que, cada una con su marca, defiende su propia identidad y atributos mediante unos vinos de gran calidad y fomenta la cultura del vino a través del enoturismo. Nuestras marcas, en especial LaFou y Abadal, han recibido destacadísimos reconocimentos internacionales y nuestro centro de visitas recibió el año 2018 el «Premio a la Mejor Experiencia Enoturística», en los IV Premios de Enoturismo de Catalunya.

La pasión por nuestra tierra, paisajes y vinos nos mueven a comercializarlos por el mundo y nuestro grupo cuenta con un peso importante en la exportación, especialmente en Europa, aunque también en países asiáticos y americanos, donde estamos trabajando para una fuerte expansión.

Y es que el vino, además de un alimento, es una forma de valorar y comunicar nuestro entorno, nuestra identidad, nuestras raíces, y en definitiva nuestra cultura. Promoviendo y divulgando el vino, reforzamos lo más singular e identitario de nuestra cultura, lo que nos permite enorgullecernos de muchos de los valores más preciados de nuestra civilización.

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